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LA TECLA DE CUBA

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Infinitas horas de estudio para resolver enigmas

Por: mamerogar | Publicado: 31/07/2011 08:58 |




Por Mercedes Rodríguez García
 



La Doctora Gema Valdés Acosta, profesora de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas (UCLV), Cuba, es la autora principal del Diccionario de bantuismos en el español de Cuba, recientemente distinguido con el Premio Nacional de la 
Academia de Ciencias de Cuba (2010). Rubia, pequeña de estatura, aparentemente frágil, resulta difícil imaginársela en las selvas del Congo, tras la garantía del origen africano de palabras como malanga, quimbombó, ñame, bemba, hasta sumar 263 vocablos que hoy se agrupan en el referido volumen. De cómo surgió la idea, la relación afectiva de la investigadora con los datos, la utilidad práctica del texto, los fenómenos lingüísticos en la era de internet,el mal manejo del idioma español,y otros, trata esta entrevista.
 

 

Ya el Premio de la Academia está en casa. Hace apenas una semana regresó de La Habana, y es hora de integrarse por completo a lo que ella ha bautizado «plan tareco de verano». Tras el agotamiento y el stress «académico» de un curso tenso, no encuentra mejor terapia que poner en orden, una vez desempolvados y clasificados, centenares de libros que va amontonando ordenadamente sobre el piso y muebles de la amplia saleta hogareña. Algunos títulos repetidos los regalará, pero al basurero ¡ninguno! En la era digital los textos especializados impresos resultan verdaderos incunables.

 —¿De qué se trata? Esta pregunta puede parecerle obvia, pero con sinceridad, me la han hecho varias personas, incluso, cuestionándose al mismo tiempo la utilidad del texto?


—Es una buena pregunta. Incluso entre lingüistas puede haber un grupo que piense que no vale la pena ocuparse de esta parte de nuestra variante lingüística que tiene que ver con el legado de África, y más si es de África negra. El diccionario de bantuismos está hecho para todo aquel que quiera acercarse a una parte de nuestra identidad que aún no está suficientemente valorada. Las actitudes ante el aporte negro están rodeadas de muchas sutiles barreras de siglos que se manifiestan, entre otras cosas, por un desconocimiento casi absoluto de las riquezas de las culturas africanas.

—¿Una prueba fehaciente de que todos los cubanos somos portadores del legado africano?

—Sin duda. Utilizamos vocablos de ese origen como malanga, quimbombó, ñame, bemba, y este hecho, comprobado por la ciencia lingüística, nadie lo puede ignorar ya.

—¿Las primeras investigaciones? 

—En el curso 1969-70. La Universidad envió a sus estudiantes a zonas azucareras y un grupo de Letras fue ubicado en Santa Isabel de las Lajas. El contacto diario con los portadores de estas culturas bantúes (llamados congos en Cuba). Se hicieron trabajos simultáneos en historia, antropología y lingüística lo que propició cierta solidez e interdisciplinariedad desde el principio. Luego continuaron investigaciones en Sagua la Grande, Ciego de Ávila, Remedios, Trinidad. 

—«Los remanentes de las lenguas bantúes en Cuba» (2002), editado por la Fundación Fernando Ortiz y la Cátedra de Estudios Afroiberoamericanos de la Universidad de Alcalá, y premiado también por la Academia de Ciencias de Cuba (2003), ¿pudiera considerarse un antecedente del actual?

—Hice mi tesis de maestría y la de doctorado en esta temática. Con todo este material se hacía necesaria una organización y un procesamiento lexicográfico de los datos. Así surgió la idea de un diccionario con técnicas modernas que fuera una continuación en el siglo XXI de la labor de Fernando Ortiz, a quien le debemos mucho. En esta tarea me ayudó una alumna con su trabajo de diploma, Myddri Leyva Escobar, que unificó todo el material recopilado y es coautora del diccionario. Y por supuesto, inapreciable los contactos internacionales, especialmente con esa universidad española que me permitió acceder a bibliografía actualizada, así como contactar con lingüistas africanos para el trabajo de campo en la República Democrática del Congo.

—Usted es una mujer extremadamente delicada, aparentemente frágil, pequeña de estatura, blanca, rubia… Me contaron que en su periplo por África y Brasil le ocurrieron situaciones peligrosas, unas; graciosas, otras. Que en Angola la atacó un león y se defendió tirándole la mochila que llevaba. Que en Brasil comió serpiente asada. ¿Realidad, corrillos o parte de ese mito que suele rodear, con el tiempo a ciertos profesores?

¡Exageraciones!Me fui a España, y de buenas a primeras pido autorización para irme a las selvas del Congo, en un país en guerra, sola y donde no había realmente una embajada cubana establecida. Me fui con una preparación de un mes (en esto me ayudó mucho Germán de Granda, quien me acogió en su casa en Valladolid para organizar las técnicas de trabajo).

—Por ahí anda una foto de la única hispana que ha hecho este estudio en la zona de N’Kamba, en la desembocadura del río Congo, en un todoterreno…

—La situación es real, pero la foto no sé, no sé. ¿Quien la pudiera tener? Excepto yo… Cuando yo lo pienso ahora, bueno, realmente fue algo especial, pero no podía perder la oportunidad de hacer ese estudio de las zonas lingüísticas más importantes para los datos recogidos en Cuba.

—Usted es una mujer extremadamente delicada, de apariencia frágil,  pequeña de estatura, blanca, rubia… Me contaron que en su periplo por África y Brasil le ocurrieron situaciones peligrosas, unas; graciosas, otras. Que en Angola la atacó un león y se defendió tirándole la mochila que llevaba. Que en Brasil comió serpiente asada. ¿Realidad, corrillos o parte de ese mito que suele rodear, con el tiempo a ciertos profesores?

¡Exageraciones!En el 2000 estaba en España, y de buenas a primeras pido autorización para irme a las selvas del Congo,  un país en guerra, sola y donde no había realmente una embajada cubana establecida. Me fui con una preparación de un mes .(Me ayudó mucho Germán de Granda, quien me acogió en su casa en Valladolid para organizar las técnicas de trabajo).

—Por ahí anda una foto de la única hispana que ha hecho este estudio en la zona de N’Kamba, en la desembocadura del río Congo, en un todoterreno…

—La situación es real, pero la foto no sé, no sé. ¿Quien la pudiera tener? Excepto yo… Cuando yo lo pienso ahora, bueno, realmente fue algo especial, pero no podía perder la oportunidad de hacer ese estudio de las zonas lingüísticas más importantes para los datos recogidos en Cuba.

—¿Algún guía?¿Qué llevaba en la mochila? ¿Verdad que iba repleta de libros? 

—Me acompañaba un ayudante-intérprete, con logística de los kimbanguistas (miembros de una religión cristiana africana)- ¿En la mochila? Algunas prendas imprescindibles, una pequeña grabadora de pilas, una caja de casetes vírgenes, una camarita fotográfica de rollo, una linterna, para el movimiento en la selva; un salvoconducto militar, muchas pastillas potabilizadoras de agua y tres casetes con música de Silvio Rodríguez. Y sí, hubo muchas situaciones de todo tipo en este contexto: comidas «exóticas» (por llamarlas de alguna forma) , costumbres sociales diferentes, tormentas y peligros que darían para una buena novela. Realmente disfruté mucho esta experiencia y regresé del viaje con una perspectiva mucho más clara de lo que debía hacer como lingüista cubana.

—En África se hablan más de mil lenguas diferentes y muy pocas cuentan con documentos literarios escritos, aunque la mayoría sí posee una amplia tradición de literatura oral. ¿Existió una «gran dificultad» para reunir en un volumen lexicográfico 263 vocablos de origen bantú presentes en nuestra lengua?

—Hubo no una sino muchas grandes dificultades. Uno de los aspectos más difíciles fue la garantía del origen africano. En este tipo de estudio hay que partir del hecho de que los remanentes lingüísticos recorren un camino diferente a sus datos matrices que funcionan en África. Sin embargo, es imprescindible realizar un estudio comparativo con esos datos, que los lingüistas llamamos coétimos. El costo de una estancia en África para Cuba es casi imposible de vencer, por ello estoy tan agradecida a la Cátedra de Estudios Afroiberoamericanos de Alcalá, que dirige Don Luis Beltrán, y que garantizó esta estancia de trabajo en la República Democrática del Congo. (RDC).

—Pero, al final, ¿más éxitos que dificultades?

—Esta confrontación en tierras africanas con las lenguas ban-túes impulsó extraordinariamente los estudios y los resultados en la última década pueden equipararse a lo que se hizo durante todo el siglo XX en América hispánica. A pesar de todos estos adelantos aún quedan unos 200 vocablos nuevos por procesar. Algunos se resuelven en unas semanas, otros nos dan mucho trabajo y los estamos valorando por años hasta eliminarlos o encontrar su particular historia. Así tenemos sin resolver todavía casos, digamos, guarandinga, temba, buquenque (el famoso tramitador de pasajeros en las terminales).

—El repertorio lingüístico bantú ha coexistido durante siglos dentro del español como lengua. En Cuba, ¿hay indicios de desaparición inmediata o, todo lo contrario? ¿Por qué lo uno o lo otro? 

—Los últimos trabajos realizados constatan la permanencia de estos repertorios lingüísticos. Las causas son extralingüísticas, vinculadas a los contextos sociales, a los cambios de políticas ante las religiones afrocubanas,  y a que el Hombre, en condiciones de máxima tensión, como vive el mundo actual, busca soluciones y apoyo en estas creencias, que son, a diferencia de otras religiones, muy pragmáticas y plantean solucionar cosas en este mundo y no en otro. Por otra parte, las palabras de origen bantú del vocabulario coloquial y general (tipo malanga, ñame) están firmemente arraigadas en nuestra variante lingüística e incluso muchas no tienen sinónimos, lo que evidencia su gran valor funcional.

—Los diccionarios también reflejan de las actitudes lingüísticas y culturales de quienes los hacen. En su caso, ¿alguna relación espiritual, afectiva con el bantú, o puro interés académico?

Creo que no se puede hacer ciencia solamente con el cerebro, hay que poner el corazón. La relación con los datos del diccionario es altamente afectiva. Cada información que contiene es resultado de muchas horas de estudio, de resolver enigmas, de muchas entrevistas dentro y fuera de Cuba. Pero debo aclarar, porque muchas personas me han preguntado por esto, no soy «palera». Respeto extraordinariamente las creencias religiosas de todo tipo, incluyendo las africanas, y siento gran felicidad cuando veo que estas manifestaciones han resistido las pruebas más increíbles durante siglos. Por ello, aunque no sea practicante del Palo Monte, estoy muy ligada académica y espiritualmente a este legado, que considero cultural.

—El concepto de discriminación racial no excluye las actitudes lingüísticas que históricamente han influido en el uso, apreciación y estudio de los vocablos de procedencia africana. De acuerdo con su experiencia personal, ¿cómo enfrentar estos problemas que inciden directamente en la escasa o equivocada valoración de la mayoría de los que se ocupan de trazar las normas lingüísticas de nuestra lengua materna?

—Afortunadamente hay un cambio favorable entre los académicos cubanos, no así tanto en la Academia de Madrid, a pesar de la democratización que ha sufrido en las últimas décadas.  Es una larga batalla que solamente puede ser ganada con conciencia, paciencia y ciencia –como decía Ortiz. Especialmente a los lingüistas cubanos exige elevar su nivel científico para poder enfrentar la mirada de la Real Academia Española y triunfar en ese examen. Solamente con solidez en las investigaciones podremos abrirnos paso en este frente de combate.

 

—¿Cuál mirada? ¿La de no ofrecer el mismo nivel de exactitud ni de información científica que cuando describe vocablos de origen latino o griego en cuanto a los africanismos? En estos casos, ¿mejor acudir a su Diccionario que al de la RAE?

 La Academia siempre ha sufrido ese vacío ya que no tiene lingüistas interesados en tales aspectos. Hace dos años que murió el único académico español que se interesaba, y luchaba, en estudios semejantes: Don Germán de Granda, un gran lingüista. Estuvo en Cuba y nos ayudó mucho en nuestro trabajo. En tal sentido el «Diccionario de bantuismos en el español de Cuba», cubre las lagunas del DRAE tanto por la cantidad de datos, como por sus registros y enfoques analíticos.

—¿Dónde adquirirlo?

—No tengo una idea exacta. El Diccionario fue editado por el Centro Juan Marinello y su distribución se supedita, supongo, a esta institución. Me prometieron que se enviaría a todas las bibliotecas de las 13 provincias cubanas. Se presentó en la Feria del Libro en La Habana y en Santa Clara, y fue vendido en ambas ocasiones.  

—¿A quienes se lo recomendaría de manera especial?

—A todo aquel que esté interesado en la historia de muchas palabras que usamos los cubanos y que no sabemos de dónde vienen, a especialistas de los medios de comunicación masiva, a todos los docentes relacionados con nuestra variante lingüística, a antropólogos, a estudiosos de la cultura cubana, a escritores y también, por supuesto, a los vinculados a este ligado, incluyendo a los practicantes del Palo Monte.

—¿El estudio realizado por usted pudiera considerarse un resumen, un reanálisis, una reinterpretación de lo estudiado en épocas anteriores? ¿Aportes? ¿Limitaciones?

—Los estudios sobre el legado lingüístico africano en Cuba portan la herencia de Fernando Ortiz, Lydia Cabrera, Teodoro Díaz Fabelo. Sin embargo, ellos no eran lingüistas y por tanto se hace necesario un trabajo investigativo de este tema a la altura del desarrollo de la ciencia lingüística en el siglo XXI.Mi trabajo es un resumen parcial y una conjugación de muchos estudios realizados en Cuba. Desde el punto de vista teórico y metodológico ha resistido la mirada de los especialistas y…

—...Ha pasado la prueba con éxito.El hecho de haber obtenido tres premios de máxima categoría en las ciencias cubanas lo confirma, especialmente el de la Academia Cubana de la Lengua.Proyectos, Doctora?

—Recién iniciamos un gran proyecto avalado por la UNESCO y auspiciado por las universidades de Alcalá (España) y de Rondonia (Brasil). Participan más de siete países.

—¿Un sueño hecho realidad? ¿Un objetivo satisfecho? ¿Una sorpresa total? ¿Un desafío?

Un sueño que tiene como título «Rehabilitación del patrimonio inmaterial afroiberoamericano: los bantuismos en el español y el portugués de América». Nuestro Diccionario serviría como patrón metodológico para el estudio de esta macro investigación ya que Cuba, en particular nuestra Universidad , ha sido seleccionada para la dirección técnica de la parte del español.

—Pues nadie mejor que usted para sacarme de una gran incertidumbre. Cuando el cantante colombiano Juanes escribió en su cuenta de Twitter «Ahí les va: H1J0D3PU7A», refiriéndose a un supuesto «pin» del presidente venezolano Hugo Chávez, muchos puristas del idioma se rasgaron las vestiduras. A su juicio, ¿se trataba de un mensaje gramaticalmente 1NCoRR3C7o?  ¿Un reflejo de nuestro cambiante idioma español en la era de internet?

—No creo que nuestra lengua esté en crisis en la era de la Internet. En toda época histórica se presentan fenómenos vinculados al desarrollo técnico-social y no se puede ser dogmático y detener procesos inevitables. Sin embargo, una cosa es aceptar que la lengua cambie y se ajuste a nuevas realidades y necesidades comunicativas, y otra que reine el libre albedrío. Siempre habrá diferentes normas lingüísticas, y entre ellas, la normativa, que garantiza la unidad de toda la comunidad lingüística hispánica. Todos los extremos son peligrosos, ni exceso de purismo, ni libertinaje.

—¿Qué piensa de los jóvenes de hoy que intercambian en los chat y correos electrónicos palabras como «Tkro» (te quiero), «bn» (bien), «ps» (pues), «dsknc» (descanse), «xq» (porque). ¿Le atemoriza el fenómeno o comparte la idea de que en el futuro ésta escritura sea considerada una época de transición para la transformación del lenguaje?

—No me atemoriza ese fenómeno mientras no traspase el medio en que se manejan. Hasta ahora no he detectado el más ligero indicio de que mis estudiantes escriban así en exámenes o trabajos escritos. Considero que si se establecen las normas de uso y sus codificaciones (recientemente la RAE dictaminó su posición al respecto) y los límites se respetan no debe haber consecuencias desastrosas.

—La escritura necesita respetar a rajatabla la sintaxis y, de hecho, le rinde honores para producir bellos textos. Pero en el mundo real el habla desobedece cualquier regla gramatical, de redacción o estilo trazada por los académicos. ¿Se escribe «mal» porque se habla «mal»? ¿Cree usted que los problemas de ortografía, y otros de grafía, obedezcan de cierta manera a descuidos respecto al habla, ya sea en el ámbito escolar como familiar y social? ¿Qué papel desempeñan en ello los medios de difusión masiva? ¿Por ejemplo…?

—La lengua escrita siempre se distingue de la oralidad, pero es cierto que en Cuba actualmente hay dificultades en todos los ámbitos del manejo de nuestra lengua materna .El problema tiene aspectos sociológicos esenciales, la lengua como conducta social. Las normas sociales del uso de la lengua han sido totalmente distorsionadas desde hace muchos años, y ahora vemos las consecuencias. La escuela lleva una parte de la responsabilidad, pero también la familia. El descuido en la transmisión de normas de conductas lingüísticas recibidas de padres a hijos se produjo al priorizar otras tareas sociales.

—En la práctica, ¿cuántas debilidades, adversidades, fortalezas y oportunidades le rodearon, y rodean, para sacar adelante tanto sus proyectos docentes como científicos?

—Como todos los sectores del país, las universidades cubanas están enfrentando las dificultades del mundo de hoy. En el desarrollo científico y docente se necesitan recursos, hay que estar actualizado en cuanto a los últimos avances de cada campo, la última bibliografía publicada, hay que dedicar tiempo a los contactos internacionales, a asistir a los eventos para percibir cómo anda nuestra ciencia; pero en las humanidades existe cierta ventaja en comparación con otras ciencias: no necesitamos productos químicos para experimentos, ni grandes laboratorios con técnicas supermodernas.

—¿El principal problema?

—Trabajamos con las personas y con nuestros procesos mentales las 24 horas de cada día. El principal problema es la organización del tiempo y establecer una correcta jerarquía en las múltiples e infinitas tareas de un profesor universitario. Las fortalezas de nuestra ciencia están precisamente en la utilidad de nuestro trabajo, y la posibilidad de transmitir a las nuevas generaciones estos logros.

—¿No hemos hablado de años, porque en realidad usted tiene los que parece? mas, ¿qué tiempo quisiera vivir?

—Unos 200 años. Son los necesito para poder materializar las ideas que tengo en mente, por lo menos hay cuatro o cinco libros que quisiera escribir; tengo un listado de unos 50 temas para trabajos de diploma interesantes, y entre manos traigo unas seis ponencias para presentar en eventos el año próximo, así como varios artículos que me han pedido para publicar en Cuba y en otros países. Así que, como ves, asumo muy apretado el próximo quinquenio.

—¿Cómo le agradaría que la considerasen: una misionera, una reina o una súbdita del idioma español? ¿Desde que posición se siente más «cómoda»?

—La única aspiración que tengo es que me vean como una lingüista que quiso ser útil y que se esforzó por estudiar su identidad nacional a través de los hachos lingüísticos. Estoy muy orgullosa de mi país y de su cultura. La lengua es parte de este rico panorama que refleja nuestra historia e identidad como nación. No he sido misionera, ni reina ni súbdita ni lo quiero ser. He sido privilegiada por tener un trabajo que me gusta en sus dos facetas: la docencia y la investigación.

—¿Hasta cuándo el aula?

—Siempre he dado docencia de pregrado porque considero que es la forma de mantener con estabilidad una sucesión lógica de generaciones de científicos, de dar a conocer lagunas de conocimientos que esperan por los jóvenes para ser resueltos. Para mí, la docencia y la investigación están estrechamente intercaladas, y mis estudiantes constituyen un eslabón de primera jerarquía en esa interrelación. La docencia estará en mi vida hasta que las fuerzas me den, y mi cabeza esté lúcida.

 

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