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LA TECLA DE CUBA

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Por: mamerogar | Publicado: 25/04/2011 16:12 | | | #Cont:5
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Por Mercedes Rodrguez Garca

 

Nadie lo sabe con certeza, pero cuentan que Don Luis Estévez se dedic a cuidar con sumo esmero el lugar donde descansaban los restos de su querida Marta Abreu, en el cementerio norte de Pars. Muy temprano en la maana, sin importarle el fro, le llevaba flores y las arreglaba con cuidado en la jardinera de mrmol.

  

Cont algn celador que mientras las colocaba, Don Luis hablaba en voz queda, y que luego, sombrero en mano, completamente vestido de negro, acariciaba una de las aldabas de la parte derecha del sepulcro, como para despertar a su amada que dorma.

A partir de aquel 2 de enero de 1909, solo le venan a la cabeza malos pensamientos. Mucho haba sufrido desde que declinara a la vicepresidencia de la Repblica. 

Cierto que el retiro en el central  San Francisco, en Cruces, haba mejorado su salud algo resquebrajada. Fue en ese ingenio donde,  el 31 de marzo de 1905, escribi su carta de renuncia, luego de comprender que sus invocaciones patriticas y las de su incomparable compaera, eran desatendidas por Estrada Palma.

Largo haban conversado sobre el asunto: 

Amantsima ma, presiento la tormenta, estn obrando en mengua del bien comn y del decoro nacional, la Repblica se tambalea.

Iremos a Palacio, Luis. Las medidas de Don Toms para garantizar la reeleccin presidencial son totalmente arbitrarias. Ya encontrar sustituto entre los ms compenetrados con sus aspiraciones y su poltica.

Lo sé, pero echar la pelea contra todos aquellos que quieran oponérsele. 

Y con el cerebro convertido en torbellino, con pasos lentos, se alejaba de la tumba. Mas, solo unos metros y retornaba frente a la lpida. El aire haba liado el ramo de rosas y él volva a componerlas. Luego, bordeaba el sepulcro, miraba el cielo gris y se acosaba  con preguntas intiles: 

Por qué no primero yo? T, mujer tan fuerte, cmo fue posible que no te recuperaras de una operacin de apendicitis si lo hiciste de la muerte de nuestra pequea hija? Cansada de vivir? No, si me tenas a m! Qué podran significar 63 aos, mi querida Marta? El amor no tiene edad. Yo te amo y no puedo vivir sin tus consejos, sin tu compaa.

Y volva a acomodar los tallos y corolas, y a acariciar las aldabas:

Qué va a ser de m solo, apenado, tristsimo? Supimos vencer las contrariedades con tu familia, hicimos un hogar, tuvimos a Pedro, luchamos por la Patria y por tu ciudad a las que entregaste casi toda tu fortuna. Oh!, mujer ngel de voluntad y modelo de perfecciones, la compaera ideal del hombre ilustre, esclarecido,  bueno y de pulcros sentimientos, como t misma me calificabas 

Por fin llegaba la hora de marcharse, nuevamente con el sombrero en la mano, sin darle la espalda a la cripta en seal de respeto. Se alejaba cabizbajo, sumido en un interminable monlogo que duraba gran parte del camino hacia la puerta principal del cementerio, donde lo espera un automvil. 

Nada se sabe a ciencia cierta, pero cuenta el mismo celador que el ltimo da que lo vio hablando con la tumba fue a los treinta y un da de enterrada la finada. 

Lleg como siempre, con la pucha hermossima de rosas Iceberg o  Polyantha  o  Lambertiana. De las ms caras y hermosas que se vendan en Francia. Pero esta vez lo vio ms cabizbajo y plido que nunca, algo desaliada la barba. Al da siguiente supo que el seor se haba dado un tiro. 

Lejos de su Patria, agravados sus males fsicos, inconsolable por la pérdida de su idolatrada compaera, no encontr mejor salida. De su casa en la calle Beaujon, a las 11 de la maana del 5 de febrero, saldra el féretro hacia el mismo cementerio de Montmartre, presidido por su hijo Pedro Nolasco Estévez y Abreu. 

Sobre el atad una corona enorme, de orqudeas, y flores raras, comprada en una afamada floristera de la Avenida Klever. 

La noticia lleg a Cuba y no hubo peridico que dejara de publicarla, seguidas de sueltos, artculos y crnicas. Has muerto lejos de tu hogar, viudo e inconsolable, mrtir de tus ms santos amores, escribira su ntimo amigo Raimundo Cabrera en El Fgaro del 7 de febrero de 1909. 

Once aos después los restos de los eternos amantes llegaron al muelle de San Francisco, La Habana, a bordo del vapor Flandes. Unidos para siempre aquellas dos almas filantrpicas que en todo tiempo rindieron culto de devocin a la caridad y al patriotismo en obras imperecederas de piedad y progreso. 

Solo el viento trae sus sombras. En hombros de los obreros portuarios descienden los atades.  Nada  de bandas militares, ni armn, ni sonido de caones. Segn parece, por  instrucciones testamentarias o instrucciones o deseos dispuestos en familia, debido a la sencillez a la que siempre rindieron culto. Los restos debern ir directamente desde el muelle al cementerio de Coln.

En el recuerdo, que va ms all de la muerte una contina siendo el complemento del otro. Marta posea una mente imaginativa; Luis, el don de llevar las obras hasta las ltimas consecuencias.

De ahora en adelante, sus huesos de amaran en el contacto ya fro de cielo y tierra viejos con una mansedumbre de atardecerconstante. (1)

Fue el de ellos un amor limpio, sereno, reflexivo; perenne y oloroso como las rosas Iceberg,  Polyantha,  y Lambertiana; de motivos, colores y formas especiales, como las orqudeas.

 


Fuente bibliogrfica principal: 


Marta Abreu Arencibia y el Dr. Luis Estévez y Romero. Estudio Biogrfico, por el Dr. M. Garca Garfalo y Mesa. La Habana, 1925. Imprenta y librera La Moderna Poesa, Pi y Margall 135.

(1) Del poema, Lluvia, de Federico Garca Lorca, Granada, 1919)

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Por Mercedes Rodrguez Garca.

 

Lo escuché hace unos das en un carretn, espacio pblico que aprovecho de  vez en vez para tentar los estados de opinin sobre determinados temas, lanzando como alguien me dijo, la manzana de la discordia pues para nadie constituye un secreto lo dado que somos  los cubanos al comentario. Mas juro que en esta oportunidad no fui yo quien desencaden la lengua a los viajantes.

La sin hueso colectiva la desat la cancula por mediacin de una seora gruesa, entrada en aos y atestada de traslcidas javitas. (De esas que pocas veces ofrecen en las shoppings y nunca faltan en sus exteriores.)  A pleno medioda la cubierta  de nylon negro del techo, ms la plegable de un lateral extendida por si llova  convertan el interior del  esmirriado vehculo en un bao turco?

Al paso del cansino el resto de los pasajeros fue sumndose: un presuntuoso cincuentn, dos reclutas, una abuelita, una empleada de gastronoma,  un CVP, y un joven de quien no esperaba ninguna participacin por imaginarlo suspendido del ejercicio de dos de los sentidos a juzgar por las supergafas y la msica que embuta en sus odos el Mp3.

La seora de las javitas hablaba abanicndose fuertemente: Yo soporto todo menos el calor A mi lo que me da rabia son los apagones , responde la gastronmica. EL CVP pone su granito de arena. Hay otras cosas peores de qué lamentarse La abuelita expresa: Peor que el calor, nada; el calor quita hasta las ganas de trabajar. Por eso yo quisiera vivir en Alaska!, apunta el cincuentn. De nuevo el CVP a la riposta: Usted debe ganar mucho para pagarse el pasaje al Polo

La frase ms pintoresca por la aporta el muchacho del Mp3 quien, de forma brusca, se ha quitado los audfonos: Una por usted, abuela, eso mismo dijo Montesquieu, que los pases clidos como el nuestro propician la modorra y la holgazanera Y volvi a colocarse ambos adminculos. Luego  no pronunci una palabra ms, pese a que casi todos se quedaron botados con el Montesquieu ese, a juzgar por la interrogante carajuda del cincuentn, a quien uno de los reclutas le contesta: Ese tal Monte debe haber sido tremendo segregacionista.

Inesperadamente intervino el carretonero dndole un fustazo al caballo. As que ahora se le llama modorra y holgazanera a no querer trabajar? Porque eso es lo que abunda en Cuba, gente que no quiere doblar el lomo pa buscarse los pesos parta de vagos!  Ni los guajiros, ni los hijos de los guajiros, seores, quieren trabajar la tierra.

El cochero, sin proponérselo haba puesto el dedo sobre la llaga y también, con su fusta, a correr al caballo. Silencio, y a sujetarse! Fin del viaje Parque- Terminal de mnibus Interprovincial. Apenas he bajado y caminado unos pasos cuando siento que me tocan en la espalda. El joven del Mp3, sin detener se me sorprende: Yo sé que usted es periodista, métale el coco a Montesquieu que era un tipo inteligente.

Sin acudir a fondo a la obra de el autor de Cartas persas (1721),   Consideraciones sobre las causas de la grandeza y decadencia de los romanos (1734),  El espritu de las leyes (1748),  textos que se lean con entusiasmo, en secreto y a escondidas a principios del siglo XIX, convengo en que s: el clima puede influir en algunas cualidades fsicas del hombre pero no determinar que los habitantes de una nacin u otra resulten ms o menos perezosos o activos.

El clima nada tiene que ver con el letargo y la apata hacia el trabajo, virtud que solamente se practica por el placer que experimenta el espritu, o por los recursos que proporciona para satisfacer las necesidades de la vida. Pero voy a referirme al trabajo como  el esfuerzo realizado para asegurar un beneficio econmico, ya que muchos especialistas diferencian entre trabajo productivo, o sea aquellos tipos de manipulaciones que producen utilidad mediante objetos, y el trabajo improductivo como el que desempea un msico, que es til pero no incrementa la riqueza material de la comunidad.

Durante la colonia y la seudorrepblica, el juego, el analfabetismo, la discriminacin, la falta de empleos, de instruccin, de escuelas y universidades, de centros de cultura y de recreacin; la pobreza absoluta, la mendicidad y otras calamidades sociales imperantes en Cuba, estimulaban la vagancia, término que segn el Diccionario de la RAE significa holgazn, perezoso, poco trabajador; vaco, desocupado, sin el logro de un fin o intento que se desear.

No es el caso. La Revolucin, a lo largo de casi medio siglo de transformaciones constantes, ha dado solucin a cuadro tan denigrante. Y aunque no dudo que existan vagos por ah, el fenmeno es otro. Como bien dijo el carretonero, y en otras palabras, la cuestin radica en buscar el dinero rpido, sin riesgos ni esfuerzos. 

Algunos le llaman especulacin, vocablo  que no se ajusta de manera exacta con nuestra realidad. El especulador vive de las fluctuaciones de precios de las materias primas o de las unidades monetarias de cada pas, y opera en los mercados de futuros, con la esperanza de vender en el mercado continuo a mayores precios antes de la fecha de vencimiento del activo. Aunque el término especulacin se utiliza a menudo con un tono peyorativo, no es ms que un tipo de inversin donde el agente asume riesgos de los que no se puede cubrir. Su variante popular cubana seran los acaparadores.

S existe el conocido mercado negro, o sea,  la venta ilegal de bienes violando la fijacin de precios y el racionamiento gravados por el Gobierno. En tales circunstancias, algunos consumidores yacen listos a pagar precios anormalmente elevados para obtener bienes escasos; y otras personas, dispuestas a venderlos a esos montos, no importan los riesgos, incluidos los de tipo legal. En este comercio incluyendo el  cambio ilcito de unidades monetarias  usted encuentra de todo,  en pesos o en CUC,  y en oportunidades,  ausentes en las empresas estatales.

El fenmeno resulta complejo porque trabajo es lo que sobra en este pas. La construccin y la agricultura, por ejemplo,  piden brazos a gritos. Habra que revisar y superar las ineficiencias de nuestro sistema econmico quitndonos un poco la tan llevada y trada justificacin de pas bloqueado, actuar a tenor con las leyes de la Economa y las Finanzas, que operan de modo independiente a las voluntades polticas, y por supuesto, sin renunciar a uno solo de logros que nos han convertido en pas independiente y en uno de los sistemas ms humanos del mundo.

Se trata de generar bienes, de que el peso adquiera un respaldo productivo. La solucin no radica en incrementar los salarios. Los aumentos salariales pueden producir un aumento de la propensin al consumo, y no al ahorro, en una economa como la nuestra. Otro de los efectos negativos de los aumentos de salarios son las mayores presiones inflacionistas, ya que tienden a trasladar a los precios estos aumentos en los costes de produccin, peligro que se puede evitar si los sueldos no aumentan sobre los niveles de productividad.

No todos podemos comprar un aire acondicionado, mucho menos un auto y por ahora constituye una quimera viajar a Alaska. Tampoco nos libraremos de un tirn de los apagones ni vendrn aumentos salariales  al por mayor.  Del escritor y jurista galo, sus ideas trasnochadas  y su furor por los principios de los fisicratas y los librecambistas, prefiero no hablar. De la modorra y la holgazanera hablaré en otro comentario.

Y del ccochero? Pues como dira en buen francés Charles-Louis de Montesquieu Tres bin, tres bin!

 

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Por Mercedes Rodrguez Garca
 
La Agencia EFE difundi a la velocidad de Internet que travestis de toda Cuba celebraron con un espectculo, singular por lo maratnico, lleno de luces, lentejuelas y divas, los 25 aos de El Mejunje, centro cultural de Santa Clara, desde hace aos meca del transformismo y una de las ciudades ms cosmopolitas de la Isla.
 
Ubicado en una edificacin ruinosa y con el cielo como techo, centenares de personas de todo el pas acudieron este fin de semana a la extraordinaria cita.

La existencia de El Mejunje, en una ciudad del interior, resulta para muchos un hecho mgico. Ha sido un lugar para realizarse personalmente, un acto de fe y un acto de entender a la gente. Pero nunca se ha propuesto ni se propondr ser un lugar gay, explic a la EFE su creador y director, Ramn Silverio.

Muchos consideran a Silverio el alma de El Mejunje, incluso lo juzgan insustituible: Nada de eso, no soy eterno, y la muerte no me preocupa, aunque tampoco me interesa .Cuando me muera no sé cmo continuara, a lo mejor quienes sigan al frente harn una obra mejor, refiri da antes al reportero del semanario provincial Vanguardia.

Ms adelante, explic: Yo jugué mi momento histrico. Y mientras me queden fuerzas, y tengo muchas todava, voy a continuar con el mismo entusiasmo.

Ramn Silverio Gmez, artfice indiscutible e inconfundible del proyecto cultural ms conocido de la Isla y en el extranjero, declar que al fundarlo (1984) pens en una alternativa en una ciudad muy aburrida, necesitada por dems de un espacio abierto a todos los artistas y jvenes, sin marginaciones de ningn tipo, en el que pudieran departir y disfrutar plenamente del arte.

Me considero una persona muy respetada. (...) Nadie me ha llamado nunca para impedirme hacer algo. Si se han sentido inconformes, me lo han planteado de la manera ms suave posible.  (...) He hecho las cosas por placer. Me atrae estar en el filo de la navaja (...) Existen muchas instituciones aburridas, porque casi todas hacen lo mismo. Aqu, para bien, marcamos la diferencia.

Sobre una referencia que hiciera Abel Prieto, Ministro de Cultura, durante en el pasado Congreso de la UNEAC,  Silverio acot: Cierto, expres que deban existir muchos Mejunjes. Es un reconocimiento merecido, tampoco uno puede ser extremadamente modesto. El Mejunje se lo ha ganado por lo hecho durante todo este tiempo, lo cual ayud a cambiar la forma de pensar de alguien 'de arriba', para fijarse en nosotros.

En su opinin no es tan sencilla la creacin de espacios similares, pues resulta un hecho nico con caractersticas propias. He visto surgir muchos proyectos basados en el nuestro, y todos han quedado en el camino. 

La cultura cubana necesita de sitios diferentes, romper esquemas. Querer reproducirlos constituye un error.
 
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¡Cómo!!, qué bien le va a Santa Clara...
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No sé quien es el autor (a) de esta descripcin, que imagino salida de la mente y pluma de algn extranjero que nos quiere bien. Puede que la misma vaya contra la lgica de la idiosincrasia y el trato extrovertido de mis compatriotas. Pero me gust tanto la pintura publicada en el blog Imaginados, que decid reproducirla en mi Tecla con Café. La ilustracin, un original y sexual mapa de nuestra Isla, lo agradezco a mi amigo José ngel, quien con frecuencia, desde Madrid, me hace llegar por email tales curiosidades grficas. Les dejo entonces a mis cafeinmanos lectores, la croniquilla en cuestin. Disfrtenla.

 

Cuando Dios hizo al mundo, qued tan asombrado por la bonitura de su obra, que dej caer entre los dedos cascajos involuntarios que fueron la ms bella chambonada de la creacin: el archipiélago cubano. 

Conmovido por la feliz casualidad, no puso en él ni fieras ni escorpiones, ni vboras ni volcanes, ni cosa alguna que lastimara a los soadores de la intemperie. Fue as que con el tiempo y los sucesos naci lo criollo en el aluvin de las razas, golpe de amor y faena, en la obsesiva aoranza de ser pas, nacin, desmesura de lo suyo. De Espaa heredaron la adarga y la terca altanera quijotesca; de frica el pié fcil para el baile, el odo musical, la sonrisa a ultranza; de China la tenaz resignacin, el misterio; de Francia la discreta elegancia del amor en pareja, los adornos de la vida. 

Todo el aire que respiran viene del mar, la arena de sus playas es como polvo de oro, en su tierra la semilla germina sin ayudas, no tienen inviernos ni veranos, sino todo lo contrario, con una media de 25oC, imprevistos y efmeros aguaceros y una corta temporada en que las masas fras anulan algunas horas el paisaje. 

Al cubano le gusta el buen vivir sin debérselo a nadie y para conseguirlo ejercita todas sus artes y maas, apela a la suerte, a lo divino, o lo resuelve con picarda tropical. Aunque todava usan bueyes para roturar la tierra, ya se ven desde el cosmos y comprueban que los cartgrafos no se equivocaron al dibujarlos con silueta de caimn. Apuestan siempre a tener lo mejor, ya sea la mujer o la tumbadora, los zapatos o el silln del portal. 

Les gusta la mesa bien servida, el men diverso, suma sabrosa del congr, el pollo frito y los tachinos, el tasajo con boniato, el picadillo con papas fritas, el cerdo asado y la yuca con mojo, los frijoles negros, el huevo frito, el chilindrn, el fricasé o el ajiaco resucitador. Son también apegados al dulce, los cascos de guayaba, el ajonjol y la garapia, el boniatillo y la raspadura, los merengues, el flan, natilla y caramelos, pero lo mejor de su dulce azcar pasa por los alambiques y termina en los toneles donde se aeja un ron superior. 

Y al final, la imprescindible tacita de café, sabroso, aromtico, y el habano de perfume sonsacador, quizs lo nico que les sigue identificando con los primeros cubanos. Pero también saben sentarse a la mesa escasa, si no hay pan comen casabe, todos los das repiten el milagro de los panes y los peces, son inventores audaces de la sobrevivencia. 

El cubano lo sabe todo, lee los peridicos entre lneas y solo necesita un par de cervezas para arreglar el mundo. Eso s, es de memoria flaca, no devuelve libros prestados y slo se acuerda de Santa Brbara cuando truena. La necesidad ha sido su maestra, el orgullo su consejero, pero atienden ms a las razones del corazn que a las evidencias de la oportunidad y la conveniencia. Son gente de paz, no les ciega la victoria, pero no saben perder. 

Enfrentaron la dominacin colonial con coraje, pelearon en condiciones inferiores contra tropas ms numerosas que la suma de las emplazadas contra OHiggins, San Martn, Bolvar y Washington. 

Entre ocho mil especies de su rica flora, adoran a la Ceiba, respetan la palma real, rbol nacional, su flor es la mariposa y el ave nacional es el tocororo. 

Su deporte es la pelota, su juego el domin, con piezas que suenen fuerte sobre la mesa. Necesitan muy poco espacio para ser felices, saben multiplicar los domingos, son fiesteros, desinhibidos, noveleros, rehsan el tratamiento de usted, entran en las casas hasta la cocina, se burlan de su propia desgracia, hasta en los funerales se cuentan chistes. 

Son el mejor amigo del perro, cohabitan también con gatos, cotorras y gallos finos. Les gustan las azoteas, los balcones, el rumor de las guitarras y los ros, el resplandor bullicioso del carnaval, la playa, el malecn, la guayabera, la cerveza helada. Son dicharacheros, escandalosos, desmesurados. Hijos del clido clima en los lmites trridos, se les tilda de violentos, improvisadores, tropicalmente despaciosos, amigos del choteo y del relajo, expansivos, inconstantes, derrochadores, presumidos. 

Desprecian a los delatores, envidiosos, a los cazadores de oportunidades ajenas, detestan la ambicin, la mentira y la avaricia, la doble cara y el lamento. Saben apreciar lo grandioso de la menudencia, la brevedad de la vida, el sentido obligado de la reciprocidad, aunque, como dijera un patriota, a veces no llegan y otras se pasan. 

Creen en el azar, el martes trece y los horscopos, en la cartomancia, el biorritmo y el mal de ojos. Tienen varios dioses y cielos, su Olimpo est disperso de Nairobi hasta Roma.

Cuba es hacendosa y constante, candorosamente hospitalaria, espontnea, solitaria, material noble para cualquier noble empeo. Es también una palabra bonita como guarachamulata, guateque, siboney. Son buenos en los oficios y artes, y también en el amor, que hacen con vehemencia y concediéndole tiempo al encanto. 

No les asustan los huracanes ni los augurios, si se miran a un espejo, ven la buena voluntad con biografa complicada. Son, en fin, lo que son: cubanos.

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Por Mercedes Rodríguez García






El primer Martí me llegó de niña, ¡muy niña!, junto con una caja de 24 colores: «Para Mercy, duran toda una vida, cuídalos». Así decía la tarjeta que —con exquisita grafía— colocó dentro de un sobre adjunto mi tía Olga, por entonces maestra rural en Sagua la Chica. Leí machaconamente, como leen los niños cuando están aprendiendo.

Una segunda recomendación —tan dulce como autoritaria— me llegaría de inmediato en su propia voz: «Aquí tienes una hoja de papel, dibújame al Apóstol de la independencia de Cuba». «Pero ¿ahora mismo?, tía», le pregunté con el tono más fastidioso que recuerdo. «Sí, ahora mismo, ven, vamos a sentarnos a la mesa».

Sentí deseos de devolverle aquel precioso estuche que me hubiera gustado estrenar tirada en el piso, coloreando cuando tuviera deseos, pintando lo que me viniera en ganas. Pero fui. Y salió él, desproporcionado y bigotudo, en medio de un jardín con flores.

Mi segundo Martí vino en un libro: La Edad de Oro, regalo también de otra tía, Mary, dependienta en tienda de ropa, el día de mi quinto cumpleaños, y con una sola condición: «Es para ti, para tu prima y tu hermano». De modo que el ejemplar permaneció siempre al alcance de ellos, y además, de los amiguitos del barrio que por las tardes venían a jugar a la escuelita, en la cual invariablemente yo hacía de maestra.

Mi tercer Martí fue rojo y dorado, impreso en un diploma. Me lo gané cursando el sexto grado, cuando en el primer semestre de clases salí vanguardia del grupo de la señorita Georgina Irastorza. El cuarto, lo compré en una quincalla, un cuadrito de pequeño formato, por solo 50 centavos. Los había de Maceo, Céspedes, Agramonte, Gómez, La Caridad, San Lázaro, Santa Bárbara, Mike Mouse, Pato Donald, Lazie, Rin Tin Tin, mas, el dinero solo alcanzaba para uno.

Pero el que más recuerdo me lo dejó Martica Ubals, mi compañera de secundaria, cuando se fue de Cuba y nos despedimos en la plaza del mercado, que en menos de un año sería Coppelia. Lo colgué en mi cuarto y allí estuvo hasta que una foto de Camilo ocupó su lugar debajo del cristal. (Mi madre decía que ya había muchos Martí en la casa, y mi padre, que hacían falta más Martí en la calle).

El sexto, lo compré en la recién estrenada librería Pepe Medina. Ya estudiaba en el preuniversitario Osvaldo Herrera, y muy pocos entendían mis desafueros por The Beatles, que para la «gran cátedra» no era más que una banda diversionista, y nada tenía que ver con el idioma que el profesor Mauro de la Torre me repasaba en «secreto» con ejemplos extraídos de Míster Postman, Yellow River , Sgt. Pepper's o Lady Madonna.

Ese, mi Martí más lindo, el de Jorge Arche, paisaje rural de fondo, vestía de guayabera, y como El Sagrado Corazón de Jesús en eso de llevar la mano al pecho, resultaba a mi ojo —afinado por la pintora Aida Ida Morales en sus clases de Artes Visuales— un Martí icónico, sublimado: el de «con los pobres de la tierra», el de «con todos y para el bien de todos», el que años después, en la Universidad me revelara como un Martí seminal, el doctor Ordenel Heredia.

Otro Martí, de busto en bronce, estaba en casa antes de yo nacer en posesión de mi abuelo, calzando adeudos sobre el aparador. Un día desapareció y apareció luego en una caja, entre sus cosas de muerto. Pasó a mi padre que lo cedió por derecho justo a su hermana, la maestra, que lo llevó a su escuela en la montaña.

Martí volvió. Lo trajo chamuscado. Fue lo único que no se quemó cuando los alzados prendieron fuego al cañaveral del fondo. Lo limpié con agua, detergente y franela. Apenas le quedó la pátina del tiempo. Martí fue mío. Desde el librero vio crecer mis niños, disfrutó mis fiestas, mis lutos, mis desvelos nocturnos apremiada por el cierre.

Ese ha sido mi Martí más íntimo y valiente. Fundacional, vigila ahora la casa de mi hijo, los pasos de mi nieta. Y tengo más Martí: Martí moneda conmemorativa por el Centenario de su natalicio, y otros Martí valores numismáticos, y muchos Martí libros, obras completas, grabados, recortes, Bohemias incunables. Y algunos que me enervan y me salvan de odios y egoísmos. Martí romántico, didáctico, político, poético. Martí sol, Martí rosa, Martí abeja, Martí ojo del canario…

¡Ah!, cuánto tiempo ha pasado. Martí dibujado, aprendido, querellado, heredado, compartido, interpretado, desde que era niña, ¡muy niña! Martí necesario, imprescindible, entrañable, enraizado, avizor, eterno. Es mi Martí. El que me va por dentro y quisiera compartir contigo.