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LA TECLA DE CUBA

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Por Mercedes Rodrguez Garca

 

Relato de mi primer encuentro con Ral Garca Mart, sobrino de nuestro Héroe Nacional, quien radic en Santa Clara entre principios de 1960 y mediados de 1980 del pasado siglo. El ya entonces octogenario ingeniero textil me refiri su versin sobre la cada del Maestro, el 19 de mayo de 1895, as como los argumentos en que bas su negacin sobre l posibilidad de un acto suicida o de inmolacin.

El ENCUENTRO EN EL HOTEL MODELO

Solo me urga escuchar su opinin para definir una polémica en la que me haba metido, inspirada por las clases de Literatura Martiana que reciba como parte de mis estudios de Filologa en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas. (UCLV)

Seran los aos 1978 1979. Un amigo de mi padre, el doctor Entralgo, me manifest que él poda localizar al ingeniero Garca en el hotel Modelo, que era gente amistosa, y que si adems le deca quien me mandaba, no se negara a recibirme.

Efectivamente, un medioda, en la habitacin 85, compart varias horas con Ral Garca Mart, uno de los 18 sobrinos del Apstol, hijo de Rita Amelia (la mejor de sus siete hermanas), y el nico de los 28 familiares directos que quedaba vivo en Cuba.

Le expliqué que por aquellos das me hallaba enfrascada en una ponencia sobre las circunstancias que rodearon la cada de su to en Dos Ros, y que él, mejor que nadie, poda saber cual de las versiones se ajustaba ms a la realidad de acuerdo con el carcter y la personalidad del héroe.

Sus ojos saltones, salidos de las rbitas, sobredimensionaron la fealdad de un rostro pletrico de arrugas. Sin mediar palabras se levanto cuan alto era y, colocndome su larga y delicada mano sobre la cabeza, me respondi con otra interrogante: No has ledo lo que escrib al respecto, verdad?

Tuve que confesarle que no, aunque s lo conoca como autor de una biografa familiar, muy llevada y trada en la época en que vio la luz.

Aqu no tengo ninguno, pero dgale al doctor Entralgo que le facilite uno, yo le entregué dos ejemplares que me quedaban, aadi. (Nunca me lo prest, era un biblifilo, tacao y egosta.)

Pensé que haba metido el delicado y no me seguira contando. Mas se sent al borde de la cama, prendi un tabaco y, luego de sucesivas chupadas y exhalaciones, comenz a hablar:

Mire, yo me adhiero a lo que cont Mximo Gmez en su diario. Él estuvo a su lado hasta poco antes de su cada. Quienes fundan una teora suicida solo piensan en vituperarlo. Copado por fuerzas muy superiores, prefiri morir, s, y no por la espalda, sino como en sus Versos sencillos, de cara al sol.

MUY INJURIOSO TILDARLO DE CAPITN ARAA

Fue como si la conversacin hubiera terminado, porque se levant y encamin sus pasos hacia la puerta entreabierta Qué bueno!, la cerr y volvi a la posicin anterior. Respiré profundo y, sin darle tiempo a su elocuente verbo, le transmit algunas consideraciones que quizs partan le aclaré de la respuesta que Mart diera a la carta abierta de Enrique Collazo, misiva que le llega como una daga en su exilio neoyorquino, cuando ya haba logrado unificar los distintos clubes y estaba a punto de fundar el Partido Revolucionario Cubano.

Mire, jovencita, Collazo, quien termina embarcndose con mi to hacia Quisqueya. Fue muy injurioso al tildarlo de Capitn Araa, y decirle que al volver a encenderse la guerra, continuara predicando la accin, pero sin ir al combate. Como era de esperar, la reaccin de Mart no poda ser tibia, sino ardiente, elevada y aleccionadora.

Y cit de memoria y textualmente la respuesta: Creo, seor Collazo, que he dado a mi tierra, desde que conoc la dulzura de su amor, cuanto hombre puede dar. Creo que he puesto a sus pies muchas veces fortuna y honores. Creo que ya no me falta, el valor necesario para morir en su defensa.

Coincide usted conmigo en que dicho mensaje pudo motivar cierta fantasa sobre el arrojo de su to?

Tal vez, pero le repito que no hay buenas intenciones en ese tipo de hiptesis que en la década del 50 del ayud a afianzar una pelcula muy mediocre, mexicano-cubana de El Indio Fernndez titulada La rosa blanca.

Recuerda alguna escena, Ral?

Existe una escena donde se aborda la reaccin de Mart ante la carta de collazo, casi junto a otra de la partida hacia los campos de Cuba en armas. Se ve la estela del barco y, a continuacin, mi to, enfermo y atribulado, dictando la respuesta. En los espectadores quedaba la impresin de que aquel viaje era impulsado por aquella cita pblica de Collazo. Pero analice usted. Entre ambos hechos, en realidad, hay nada menos que tres aos, fundamentales y decisivos!

Ral, el doctor Entralgo me mostr una foto del cadver de su to en el momento en que se procede a una nueva exhumacin, el 26 de mayo de 1895. Fue publicada en una revista Bohemia de 1959, acompaando un artculo en el cual su autor afirma que Mart qued herido y no muerto al instante

Eso es mentira!, dgale a Entralgo que me mande esa Bohemia.

Espere, déjeme terminar. También en esa misma publicacin, en un nmero de 1953. Parece un encendido comentario acerca de cmo fue recolectado el dinero para construir el monumento que preside la actual Plaza de la Revolucin en Ciudad Habana

Es posible de suponer que mi to cayera gravemente herido. Y lo pienso por la nota que dej al Jefe de la Fuerza que lo conduca, en la tienda de doa Modesta. Por all pasaron, en su rpida retirada, con la valiosa presa.

S, traigo anotado el texto. Le leo: Mart, herido, lo cuidaré y se lo devolveré.

As mismo es. Pero dado el fanatismo reinante entre la tropa espaola, al conocerse de quien se trataba, quizs rematasen su vida con el tiro de gracia, que pudiera ser el que presentaba su cadver en la cara.

Eso se lo dejo a los investigadores, no quisiera especular. Deme sus puntos de vistas.

Lo dems es bien conocido: arrastraron su cuerpo por el fango y lo enterraron inhumanamente, sin lienzo ni atad, como acto de cruel ensaamiento.

UNAS HONRAS QUE MI TO HUBIERA RECHAZADO

  Y lo del monumento?

A mi juicio constituyeron unas honras que mi to hubiera rechazado de seguro. Por decreto nmero 42 de septiembre de 1952, y no por conciencia y voluntad popular, se recolect el dinero a dase de impuestos y exacciones econmicas. Fue una medida general y obligatoria: das de haber del personal de comercio e industria, portes de contribuyentes al seguro de salud y de Maternidad Obrera y de todo aquel que se ganara el pan con el sudor de su frente, profesionales, empleados, asalariados, instituciones. Diez centavos por cada una de las cabezas de ganado vacuno sacrificado, quintal de café limpio o beneficiado, tercio de tabaco en rama; veinte centavos por cada millar de tabaco y uno por cada catorce ruedas de cigarrillos fabricados en ese ao.

Era por el ao del centenario del nacimiento Apstol.

Y de la politiquera

Y si alguien se negaba?

Se prevea la desobediencia y el castigo. Yo me pregunto: Por qué no cogieron ese dinero del Tesoro Pblico? Claro, ya estaba exhausto debido al vals de la poltica de la época, el usufructo tomado del poder. Palacios, fincas, yates propios, cuentas en bancos extranjeros. Todo salido de las aras nacionales para beneficio de particulares, de privilegiados de la sinecura y la botella. Una forma ms de corromper el sentido honorable del trabajo y de la educacin del pueblo. Se malgastaba la plata necesaria para escuelas y hospitales

Iban a dar las cinco de la tarde, y Ral, metdico en sus costumbres, me advierte la hora.

Puedo venir otro da?

Venga cuantas veces guste, me avisa antes. Ya me conoce. Prescinda del doctor Entralgo. Prefiero conversar por las maanas, son ms frescas y me fatigo menos.

Como por ese tiempo me haba picado el bichito del periodismo, pensé que sera bueno. Regresé dos o tres semanas después, en compaa de un colega. En mi agenda de entonces, hallada aos después durante una de esas limpiezas generales a al papelera acumulada.

Nunca escrib un artculo con fines publicables. Hasta el ao 1999 durmieron las notas y la transcripcin de la breve entrevista. Se cumplan entonces 104 aos de la cada del Apstol. Tuve que hilvanar recuerdos y darle forma a detalles enriquecedores del memorable encuentro.

De Ral Garca Mart supe que falleci en los aos 1990, en un hogar de ancianos de la capital cubana.

Guardo de él también el testimonio sobre su madre y su abuela doa Leonor, as como el que con relacin a su persona me ofrecieron dos mujeres que le brindaron su amistad y cuidado, desde que abandon su quinta en Tapaste y lleg a Santa Clara para entregarse en cuerpo y alma a la construccin y montaje de la fbricas de sacos (SAKENF), cuyas primeras mquinas don y ech a andar.

La misin le fue confiada por el entonces Ministro de Industrias Comandante Ernesto Guevara de la Serna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios
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Muy buen trabajo. Felicidades.
Alex
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Por Mercedes Rodrguez Garca

 

Nadie lo sabe con certeza, pero cuentan que Don Luis Estévez se dedic a cuidar con sumo esmero el lugar donde descansaban los restos de su querida Marta Abreu, en el cementerio norte de Pars. Muy temprano en la maana, sin importarle el fro, le llevaba flores y las arreglaba con cuidado en la jardinera de mrmol.

  

Cont algn celador que mientras las colocaba, Don Luis hablaba en voz queda, y que luego, sombrero en mano, completamente vestido de negro, acariciaba una de las aldabas de la parte derecha del sepulcro, como para despertar a su amada que dorma.

A partir de aquel 2 de enero de 1909, solo le venan a la cabeza malos pensamientos. Mucho haba sufrido desde que declinara a la vicepresidencia de la Repblica. 

Cierto que el retiro en el central  San Francisco, en Cruces, haba mejorado su salud algo resquebrajada. Fue en ese ingenio donde,  el 31 de marzo de 1905, escribi su carta de renuncia, luego de comprender que sus invocaciones patriticas y las de su incomparable compaera, eran desatendidas por Estrada Palma.

Largo haban conversado sobre el asunto: 

Amantsima ma, presiento la tormenta, estn obrando en mengua del bien comn y del decoro nacional, la Repblica se tambalea.

Iremos a Palacio, Luis. Las medidas de Don Toms para garantizar la reeleccin presidencial son totalmente arbitrarias. Ya encontrar sustituto entre los ms compenetrados con sus aspiraciones y su poltica.

Lo sé, pero echar la pelea contra todos aquellos que quieran oponérsele. 

Y con el cerebro convertido en torbellino, con pasos lentos, se alejaba de la tumba. Mas, solo unos metros y retornaba frente a la lpida. El aire haba liado el ramo de rosas y él volva a componerlas. Luego, bordeaba el sepulcro, miraba el cielo gris y se acosaba  con preguntas intiles: 

Por qué no primero yo? T, mujer tan fuerte, cmo fue posible que no te recuperaras de una operacin de apendicitis si lo hiciste de la muerte de nuestra pequea hija? Cansada de vivir? No, si me tenas a m! Qué podran significar 63 aos, mi querida Marta? El amor no tiene edad. Yo te amo y no puedo vivir sin tus consejos, sin tu compaa.

Y volva a acomodar los tallos y corolas, y a acariciar las aldabas:

Qué va a ser de m solo, apenado, tristsimo? Supimos vencer las contrariedades con tu familia, hicimos un hogar, tuvimos a Pedro, luchamos por la Patria y por tu ciudad a las que entregaste casi toda tu fortuna. Oh!, mujer ngel de voluntad y modelo de perfecciones, la compaera ideal del hombre ilustre, esclarecido,  bueno y de pulcros sentimientos, como t misma me calificabas 

Por fin llegaba la hora de marcharse, nuevamente con el sombrero en la mano, sin darle la espalda a la cripta en seal de respeto. Se alejaba cabizbajo, sumido en un interminable monlogo que duraba gran parte del camino hacia la puerta principal del cementerio, donde lo espera un automvil. 

Nada se sabe a ciencia cierta, pero cuenta el mismo celador que el ltimo da que lo vio hablando con la tumba fue a los treinta y un da de enterrada la finada. 

Lleg como siempre, con la pucha hermossima de rosas Iceberg o  Polyantha  o  Lambertiana. De las ms caras y hermosas que se vendan en Francia. Pero esta vez lo vio ms cabizbajo y plido que nunca, algo desaliada la barba. Al da siguiente supo que el seor se haba dado un tiro. 

Lejos de su Patria, agravados sus males fsicos, inconsolable por la pérdida de su idolatrada compaera, no encontr mejor salida. De su casa en la calle Beaujon, a las 11 de la maana del 5 de febrero, saldra el féretro hacia el mismo cementerio de Montmartre, presidido por su hijo Pedro Nolasco Estévez y Abreu. 

Sobre el atad una corona enorme, de orqudeas, y flores raras, comprada en una afamada floristera de la Avenida Klever. 

La noticia lleg a Cuba y no hubo peridico que dejara de publicarla, seguidas de sueltos, artculos y crnicas. Has muerto lejos de tu hogar, viudo e inconsolable, mrtir de tus ms santos amores, escribira su ntimo amigo Raimundo Cabrera en El Fgaro del 7 de febrero de 1909. 

Once aos después los restos de los eternos amantes llegaron al muelle de San Francisco, La Habana, a bordo del vapor Flandes. Unidos para siempre aquellas dos almas filantrpicas que en todo tiempo rindieron culto de devocin a la caridad y al patriotismo en obras imperecederas de piedad y progreso. 

Solo el viento trae sus sombras. En hombros de los obreros portuarios descienden los atades.  Nada  de bandas militares, ni armn, ni sonido de caones. Segn parece, por  instrucciones testamentarias o instrucciones o deseos dispuestos en familia, debido a la sencillez a la que siempre rindieron culto. Los restos debern ir directamente desde el muelle al cementerio de Coln.

En el recuerdo, que va ms all de la muerte una contina siendo el complemento del otro. Marta posea una mente imaginativa; Luis, el don de llevar las obras hasta las ltimas consecuencias.

De ahora en adelante, sus huesos de amaran en el contacto ya fro de cielo y tierra viejos con una mansedumbre de atardecerconstante. (1)

Fue el de ellos un amor limpio, sereno, reflexivo; perenne y oloroso como las rosas Iceberg,  Polyantha,  y Lambertiana; de motivos, colores y formas especiales, como las orqudeas.

 


Fuente bibliogrfica principal: 


Marta Abreu Arencibia y el Dr. Luis Estévez y Romero. Estudio Biogrfico, por el Dr. M. Garca Garfalo y Mesa. La Habana, 1925. Imprenta y librera La Moderna Poesa, Pi y Margall 135.

(1) Del poema, Lluvia, de Federico Garca Lorca, Granada, 1919)

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Por Mercedes Rodrguez Garca.

 

Lo escuché hace unos das en un carretn, espacio pblico que aprovecho de  vez en vez para tentar los estados de opinin sobre determinados temas, lanzando como alguien me dijo, la manzana de la discordia pues para nadie constituye un secreto lo dado que somos  los cubanos al comentario. Mas juro que en esta oportunidad no fui yo quien desencaden la lengua a los viajantes.

La sin hueso colectiva la desat la cancula por mediacin de una seora gruesa, entrada en aos y atestada de traslcidas javitas. (De esas que pocas veces ofrecen en las shoppings y nunca faltan en sus exteriores.)  A pleno medioda la cubierta  de nylon negro del techo, ms la plegable de un lateral extendida por si llova  convertan el interior del  esmirriado vehculo en un bao turco?

Al paso del cansino el resto de los pasajeros fue sumndose: un presuntuoso cincuentn, dos reclutas, una abuelita, una empleada de gastronoma,  un CVP, y un joven de quien no esperaba ninguna participacin por imaginarlo suspendido del ejercicio de dos de los sentidos a juzgar por las supergafas y la msica que embuta en sus odos el Mp3.

La seora de las javitas hablaba abanicndose fuertemente: Yo soporto todo menos el calor A mi lo que me da rabia son los apagones , responde la gastronmica. EL CVP pone su granito de arena. Hay otras cosas peores de qué lamentarse La abuelita expresa: Peor que el calor, nada; el calor quita hasta las ganas de trabajar. Por eso yo quisiera vivir en Alaska!, apunta el cincuentn. De nuevo el CVP a la riposta: Usted debe ganar mucho para pagarse el pasaje al Polo

La frase ms pintoresca por la aporta el muchacho del Mp3 quien, de forma brusca, se ha quitado los audfonos: Una por usted, abuela, eso mismo dijo Montesquieu, que los pases clidos como el nuestro propician la modorra y la holgazanera Y volvi a colocarse ambos adminculos. Luego  no pronunci una palabra ms, pese a que casi todos se quedaron botados con el Montesquieu ese, a juzgar por la interrogante carajuda del cincuentn, a quien uno de los reclutas le contesta: Ese tal Monte debe haber sido tremendo segregacionista.

Inesperadamente intervino el carretonero dndole un fustazo al caballo. As que ahora se le llama modorra y holgazanera a no querer trabajar? Porque eso es lo que abunda en Cuba, gente que no quiere doblar el lomo pa buscarse los pesos parta de vagos!  Ni los guajiros, ni los hijos de los guajiros, seores, quieren trabajar la tierra.

El cochero, sin proponérselo haba puesto el dedo sobre la llaga y también, con su fusta, a correr al caballo. Silencio, y a sujetarse! Fin del viaje Parque- Terminal de mnibus Interprovincial. Apenas he bajado y caminado unos pasos cuando siento que me tocan en la espalda. El joven del Mp3, sin detener se me sorprende: Yo sé que usted es periodista, métale el coco a Montesquieu que era un tipo inteligente.

Sin acudir a fondo a la obra de el autor de Cartas persas (1721),   Consideraciones sobre las causas de la grandeza y decadencia de los romanos (1734),  El espritu de las leyes (1748),  textos que se lean con entusiasmo, en secreto y a escondidas a principios del siglo XIX, convengo en que s: el clima puede influir en algunas cualidades fsicas del hombre pero no determinar que los habitantes de una nacin u otra resulten ms o menos perezosos o activos.

El clima nada tiene que ver con el letargo y la apata hacia el trabajo, virtud que solamente se practica por el placer que experimenta el espritu, o por los recursos que proporciona para satisfacer las necesidades de la vida. Pero voy a referirme al trabajo como  el esfuerzo realizado para asegurar un beneficio econmico, ya que muchos especialistas diferencian entre trabajo productivo, o sea aquellos tipos de manipulaciones que producen utilidad mediante objetos, y el trabajo improductivo como el que desempea un msico, que es til pero no incrementa la riqueza material de la comunidad.

Durante la colonia y la seudorrepblica, el juego, el analfabetismo, la discriminacin, la falta de empleos, de instruccin, de escuelas y universidades, de centros de cultura y de recreacin; la pobreza absoluta, la mendicidad y otras calamidades sociales imperantes en Cuba, estimulaban la vagancia, término que segn el Diccionario de la RAE significa holgazn, perezoso, poco trabajador; vaco, desocupado, sin el logro de un fin o intento que se desear.

No es el caso. La Revolucin, a lo largo de casi medio siglo de transformaciones constantes, ha dado solucin a cuadro tan denigrante. Y aunque no dudo que existan vagos por ah, el fenmeno es otro. Como bien dijo el carretonero, y en otras palabras, la cuestin radica en buscar el dinero rpido, sin riesgos ni esfuerzos. 

Algunos le llaman especulacin, vocablo  que no se ajusta de manera exacta con nuestra realidad. El especulador vive de las fluctuaciones de precios de las materias primas o de las unidades monetarias de cada pas, y opera en los mercados de futuros, con la esperanza de vender en el mercado continuo a mayores precios antes de la fecha de vencimiento del activo. Aunque el término especulacin se utiliza a menudo con un tono peyorativo, no es ms que un tipo de inversin donde el agente asume riesgos de los que no se puede cubrir. Su variante popular cubana seran los acaparadores.

S existe el conocido mercado negro, o sea,  la venta ilegal de bienes violando la fijacin de precios y el racionamiento gravados por el Gobierno. En tales circunstancias, algunos consumidores yacen listos a pagar precios anormalmente elevados para obtener bienes escasos; y otras personas, dispuestas a venderlos a esos montos, no importan los riesgos, incluidos los de tipo legal. En este comercio incluyendo el  cambio ilcito de unidades monetarias  usted encuentra de todo,  en pesos o en CUC,  y en oportunidades,  ausentes en las empresas estatales.

El fenmeno resulta complejo porque trabajo es lo que sobra en este pas. La construccin y la agricultura, por ejemplo,  piden brazos a gritos. Habra que revisar y superar las ineficiencias de nuestro sistema econmico quitndonos un poco la tan llevada y trada justificacin de pas bloqueado, actuar a tenor con las leyes de la Economa y las Finanzas, que operan de modo independiente a las voluntades polticas, y por supuesto, sin renunciar a uno solo de logros que nos han convertido en pas independiente y en uno de los sistemas ms humanos del mundo.

Se trata de generar bienes, de que el peso adquiera un respaldo productivo. La solucin no radica en incrementar los salarios. Los aumentos salariales pueden producir un aumento de la propensin al consumo, y no al ahorro, en una economa como la nuestra. Otro de los efectos negativos de los aumentos de salarios son las mayores presiones inflacionistas, ya que tienden a trasladar a los precios estos aumentos en los costes de produccin, peligro que se puede evitar si los sueldos no aumentan sobre los niveles de productividad.

No todos podemos comprar un aire acondicionado, mucho menos un auto y por ahora constituye una quimera viajar a Alaska. Tampoco nos libraremos de un tirn de los apagones ni vendrn aumentos salariales  al por mayor.  Del escritor y jurista galo, sus ideas trasnochadas  y su furor por los principios de los fisicratas y los librecambistas, prefiero no hablar. De la modorra y la holgazanera hablaré en otro comentario.

Y del ccochero? Pues como dira en buen francés Charles-Louis de Montesquieu Tres bin, tres bin!

 

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Por Mercedes Rodrguez Garca
 
La Agencia EFE difundi a la velocidad de Internet que travestis de toda Cuba celebraron con un espectculo, singular por lo maratnico, lleno de luces, lentejuelas y divas, los 25 aos de El Mejunje, centro cultural de Santa Clara, desde hace aos meca del transformismo y una de las ciudades ms cosmopolitas de la Isla.
 
Ubicado en una edificacin ruinosa y con el cielo como techo, centenares de personas de todo el pas acudieron este fin de semana a la extraordinaria cita.

La existencia de El Mejunje, en una ciudad del interior, resulta para muchos un hecho mgico. Ha sido un lugar para realizarse personalmente, un acto de fe y un acto de entender a la gente. Pero nunca se ha propuesto ni se propondr ser un lugar gay, explic a la EFE su creador y director, Ramn Silverio.

Muchos consideran a Silverio el alma de El Mejunje, incluso lo juzgan insustituible: Nada de eso, no soy eterno, y la muerte no me preocupa, aunque tampoco me interesa .Cuando me muera no sé cmo continuara, a lo mejor quienes sigan al frente harn una obra mejor, refiri da antes al reportero del semanario provincial Vanguardia.

Ms adelante, explic: Yo jugué mi momento histrico. Y mientras me queden fuerzas, y tengo muchas todava, voy a continuar con el mismo entusiasmo.

Ramn Silverio Gmez, artfice indiscutible e inconfundible del proyecto cultural ms conocido de la Isla y en el extranjero, declar que al fundarlo (1984) pens en una alternativa en una ciudad muy aburrida, necesitada por dems de un espacio abierto a todos los artistas y jvenes, sin marginaciones de ningn tipo, en el que pudieran departir y disfrutar plenamente del arte.

Me considero una persona muy respetada. (...) Nadie me ha llamado nunca para impedirme hacer algo. Si se han sentido inconformes, me lo han planteado de la manera ms suave posible.  (...) He hecho las cosas por placer. Me atrae estar en el filo de la navaja (...) Existen muchas instituciones aburridas, porque casi todas hacen lo mismo. Aqu, para bien, marcamos la diferencia.

Sobre una referencia que hiciera Abel Prieto, Ministro de Cultura, durante en el pasado Congreso de la UNEAC,  Silverio acot: Cierto, expres que deban existir muchos Mejunjes. Es un reconocimiento merecido, tampoco uno puede ser extremadamente modesto. El Mejunje se lo ha ganado por lo hecho durante todo este tiempo, lo cual ayud a cambiar la forma de pensar de alguien 'de arriba', para fijarse en nosotros.

En su opinin no es tan sencilla la creacin de espacios similares, pues resulta un hecho nico con caractersticas propias. He visto surgir muchos proyectos basados en el nuestro, y todos han quedado en el camino. 

La cultura cubana necesita de sitios diferentes, romper esquemas. Querer reproducirlos constituye un error.
 
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¡Cómo!!, qué bien le va a Santa Clara...
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No sé quien es el autor (a) de esta descripcin, que imagino salida de la mente y pluma de algn extranjero que nos quiere bien. Puede que la misma vaya contra la lgica de la idiosincrasia y el trato extrovertido de mis compatriotas. Pero me gust tanto la pintura publicada en el blog Imaginados, que decid reproducirla en mi Tecla con Café. La ilustracin, un original y sexual mapa de nuestra Isla, lo agradezco a mi amigo José ngel, quien con frecuencia, desde Madrid, me hace llegar por email tales curiosidades grficas. Les dejo entonces a mis cafeinmanos lectores, la croniquilla en cuestin. Disfrtenla.

 

Cuando Dios hizo al mundo, qued tan asombrado por la bonitura de su obra, que dej caer entre los dedos cascajos involuntarios que fueron la ms bella chambonada de la creacin: el archipiélago cubano. 

Conmovido por la feliz casualidad, no puso en él ni fieras ni escorpiones, ni vboras ni volcanes, ni cosa alguna que lastimara a los soadores de la intemperie. Fue as que con el tiempo y los sucesos naci lo criollo en el aluvin de las razas, golpe de amor y faena, en la obsesiva aoranza de ser pas, nacin, desmesura de lo suyo. De Espaa heredaron la adarga y la terca altanera quijotesca; de frica el pié fcil para el baile, el odo musical, la sonrisa a ultranza; de China la tenaz resignacin, el misterio; de Francia la discreta elegancia del amor en pareja, los adornos de la vida. 

Todo el aire que respiran viene del mar, la arena de sus playas es como polvo de oro, en su tierra la semilla germina sin ayudas, no tienen inviernos ni veranos, sino todo lo contrario, con una media de 25oC, imprevistos y efmeros aguaceros y una corta temporada en que las masas fras anulan algunas horas el paisaje. 

Al cubano le gusta el buen vivir sin debérselo a nadie y para conseguirlo ejercita todas sus artes y maas, apela a la suerte, a lo divino, o lo resuelve con picarda tropical. Aunque todava usan bueyes para roturar la tierra, ya se ven desde el cosmos y comprueban que los cartgrafos no se equivocaron al dibujarlos con silueta de caimn. Apuestan siempre a tener lo mejor, ya sea la mujer o la tumbadora, los zapatos o el silln del portal. 

Les gusta la mesa bien servida, el men diverso, suma sabrosa del congr, el pollo frito y los tachinos, el tasajo con boniato, el picadillo con papas fritas, el cerdo asado y la yuca con mojo, los frijoles negros, el huevo frito, el chilindrn, el fricasé o el ajiaco resucitador. Son también apegados al dulce, los cascos de guayaba, el ajonjol y la garapia, el boniatillo y la raspadura, los merengues, el flan, natilla y caramelos, pero lo mejor de su dulce azcar pasa por los alambiques y termina en los toneles donde se aeja un ron superior. 

Y al final, la imprescindible tacita de café, sabroso, aromtico, y el habano de perfume sonsacador, quizs lo nico que les sigue identificando con los primeros cubanos. Pero también saben sentarse a la mesa escasa, si no hay pan comen casabe, todos los das repiten el milagro de los panes y los peces, son inventores audaces de la sobrevivencia. 

El cubano lo sabe todo, lee los peridicos entre lneas y solo necesita un par de cervezas para arreglar el mundo. Eso s, es de memoria flaca, no devuelve libros prestados y slo se acuerda de Santa Brbara cuando truena. La necesidad ha sido su maestra, el orgullo su consejero, pero atienden ms a las razones del corazn que a las evidencias de la oportunidad y la conveniencia. Son gente de paz, no les ciega la victoria, pero no saben perder. 

Enfrentaron la dominacin colonial con coraje, pelearon en condiciones inferiores contra tropas ms numerosas que la suma de las emplazadas contra OHiggins, San Martn, Bolvar y Washington. 

Entre ocho mil especies de su rica flora, adoran a la Ceiba, respetan la palma real, rbol nacional, su flor es la mariposa y el ave nacional es el tocororo. 

Su deporte es la pelota, su juego el domin, con piezas que suenen fuerte sobre la mesa. Necesitan muy poco espacio para ser felices, saben multiplicar los domingos, son fiesteros, desinhibidos, noveleros, rehsan el tratamiento de usted, entran en las casas hasta la cocina, se burlan de su propia desgracia, hasta en los funerales se cuentan chistes. 

Son el mejor amigo del perro, cohabitan también con gatos, cotorras y gallos finos. Les gustan las azoteas, los balcones, el rumor de las guitarras y los ros, el resplandor bullicioso del carnaval, la playa, el malecn, la guayabera, la cerveza helada. Son dicharacheros, escandalosos, desmesurados. Hijos del clido clima en los lmites trridos, se les tilda de violentos, improvisadores, tropicalmente despaciosos, amigos del choteo y del relajo, expansivos, inconstantes, derrochadores, presumidos. 

Desprecian a los delatores, envidiosos, a los cazadores de oportunidades ajenas, detestan la ambicin, la mentira y la avaricia, la doble cara y el lamento. Saben apreciar lo grandioso de la menudencia, la brevedad de la vida, el sentido obligado de la reciprocidad, aunque, como dijera un patriota, a veces no llegan y otras se pasan. 

Creen en el azar, el martes trece y los horscopos, en la cartomancia, el biorritmo y el mal de ojos. Tienen varios dioses y cielos, su Olimpo est disperso de Nairobi hasta Roma.

Cuba es hacendosa y constante, candorosamente hospitalaria, espontnea, solitaria, material noble para cualquier noble empeo. Es también una palabra bonita como guarachamulata, guateque, siboney. Son buenos en los oficios y artes, y también en el amor, que hacen con vehemencia y concediéndole tiempo al encanto. 

No les asustan los huracanes ni los augurios, si se miran a un espejo, ven la buena voluntad con biografa complicada. Son, en fin, lo que son: cubanos.

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Por Mercedes Rodríguez García






El primer Martí me llegó de niña, ¡muy niña!, junto con una caja de 24 colores: «Para Mercy, duran toda una vida, cuídalos». Así decía la tarjeta que —con exquisita grafía— colocó dentro de un sobre adjunto mi tía Olga, por entonces maestra rural en Sagua la Chica. Leí machaconamente, como leen los niños cuando están aprendiendo.

Una segunda recomendación —tan dulce como autoritaria— me llegaría de inmediato en su propia voz: «Aquí tienes una hoja de papel, dibújame al Apóstol de la independencia de Cuba». «Pero ¿ahora mismo?, tía», le pregunté con el tono más fastidioso que recuerdo. «Sí, ahora mismo, ven, vamos a sentarnos a la mesa».

Sentí deseos de devolverle aquel precioso estuche que me hubiera gustado estrenar tirada en el piso, coloreando cuando tuviera deseos, pintando lo que me viniera en ganas. Pero fui. Y salió él, desproporcionado y bigotudo, en medio de un jardín con flores.

Mi segundo Martí vino en un libro: La Edad de Oro, regalo también de otra tía, Mary, dependienta en tienda de ropa, el día de mi quinto cumpleaños, y con una sola condición: «Es para ti, para tu prima y tu hermano». De modo que el ejemplar permaneció siempre al alcance de ellos, y además, de los amiguitos del barrio que por las tardes venían a jugar a la escuelita, en la cual invariablemente yo hacía de maestra.

Mi tercer Martí fue rojo y dorado, impreso en un diploma. Me lo gané cursando el sexto grado, cuando en el primer semestre de clases salí vanguardia del grupo de la señorita Georgina Irastorza. El cuarto, lo compré en una quincalla, un cuadrito de pequeño formato, por solo 50 centavos. Los había de Maceo, Céspedes, Agramonte, Gómez, La Caridad, San Lázaro, Santa Bárbara, Mike Mouse, Pato Donald, Lazie, Rin Tin Tin, mas, el dinero solo alcanzaba para uno.

Pero el que más recuerdo me lo dejó Martica Ubals, mi compañera de secundaria, cuando se fue de Cuba y nos despedimos en la plaza del mercado, que en menos de un año sería Coppelia. Lo colgué en mi cuarto y allí estuvo hasta que una foto de Camilo ocupó su lugar debajo del cristal. (Mi madre decía que ya había muchos Martí en la casa, y mi padre, que hacían falta más Martí en la calle).

El sexto, lo compré en la recién estrenada librería Pepe Medina. Ya estudiaba en el preuniversitario Osvaldo Herrera, y muy pocos entendían mis desafueros por The Beatles, que para la «gran cátedra» no era más que una banda diversionista, y nada tenía que ver con el idioma que el profesor Mauro de la Torre me repasaba en «secreto» con ejemplos extraídos de Míster Postman, Yellow River , Sgt. Pepper's o Lady Madonna.

Ese, mi Martí más lindo, el de Jorge Arche, paisaje rural de fondo, vestía de guayabera, y como El Sagrado Corazón de Jesús en eso de llevar la mano al pecho, resultaba a mi ojo —afinado por la pintora Aida Ida Morales en sus clases de Artes Visuales— un Martí icónico, sublimado: el de «con los pobres de la tierra», el de «con todos y para el bien de todos», el que años después, en la Universidad me revelara como un Martí seminal, el doctor Ordenel Heredia.

Otro Martí, de busto en bronce, estaba en casa antes de yo nacer en posesión de mi abuelo, calzando adeudos sobre el aparador. Un día desapareció y apareció luego en una caja, entre sus cosas de muerto. Pasó a mi padre que lo cedió por derecho justo a su hermana, la maestra, que lo llevó a su escuela en la montaña.

Martí volvió. Lo trajo chamuscado. Fue lo único que no se quemó cuando los alzados prendieron fuego al cañaveral del fondo. Lo limpié con agua, detergente y franela. Apenas le quedó la pátina del tiempo. Martí fue mío. Desde el librero vio crecer mis niños, disfrutó mis fiestas, mis lutos, mis desvelos nocturnos apremiada por el cierre.

Ese ha sido mi Martí más íntimo y valiente. Fundacional, vigila ahora la casa de mi hijo, los pasos de mi nieta. Y tengo más Martí: Martí moneda conmemorativa por el Centenario de su natalicio, y otros Martí valores numismáticos, y muchos Martí libros, obras completas, grabados, recortes, Bohemias incunables. Y algunos que me enervan y me salvan de odios y egoísmos. Martí romántico, didáctico, político, poético. Martí sol, Martí rosa, Martí abeja, Martí ojo del canario…

¡Ah!, cuánto tiempo ha pasado. Martí dibujado, aprendido, querellado, heredado, compartido, interpretado, desde que era niña, ¡muy niña! Martí necesario, imprescindible, entrañable, enraizado, avizor, eterno. Es mi Martí. El que me va por dentro y quisiera compartir contigo.
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 Mercedes Rodrguez Garca

 

Siete cursos compartiendo dentro y fuera del aula con estudiantes universitarios me facultan para emitir consideraciones y consejos acerca de los jvenes, a quienes muchas veces se les califica de contestatarios, descredos, irreverentes, rebeldes, autosuficientes, y otras cualidades que, francamente, no comparto de manera general y absoluta, vengan de donde vengan, incluso, de pedagogos, socilogos, psiclogos o filsofos de bien ganada reputacin en el mbito académico.

En otros espacios y en dismiles ocasiones y circunstancias, personas de las ms variadas profesiones y oficios refieren, adems, que son difciles de entender, egostas, consumistas, independientes, tolerantes y con poco sentido del deber y del sacrificio, y, por tanto confiesan observarlos con preocupacin.

Los hijos de hoy se parecen ms a su tiempo que a sus padres, dijo Francisco Vzquez Vzquez, un poltico socialista y catlico practicante espaol a quien le han robado la paternidad de tan recurrido pensamiento a la hora de definir en escasas palabras a ese grupo etario, al cual todos pertenecimos una vez, pero que algunos no recuerdan o no quieren recordar.

En general, al hablar de los jvenes hay quienes lo hacen como si se tratara de una especie de dobles, desde los recuerdos juveniles, desde cierto pasado reciente, desde las nostalgias y melancolas o desde el deseo de lo que pudieron ser y no fueron. En tal sentido me ofrezco categrica: la vida real de los muchachos y muchachas de hoy yace en otro lugar diferente del que buscamos. Su vida les pertenece a ellos, idea que resulta difcil de interpretar dados los esquemas habituales.

Lo cierto es que para muchos adultos el dilogo con la juventud se ha tornado complicado, sobre todo para quienes admiten con temor, horror o complejo que nacieron en el siglo pasado, y se incluyen de hecho en un género de iguanodontes ortodoxos que sobreviven a las circunstancias, gracias a la desmemoria afectiva crecida con la prisa de lo cotidiano.

Si de sexo se trata, por ejemplo, suele catalogrseles de insaciables y tolerantes al lmite de lo increble, actitud en el fondo recriminativa que apunta a lo que antes nos pareca moralmente inaceptable y ahora resulta tristemente inalcanzable. Como dicen los libros de sexologa: cuantos ms aos a cuestas, ms te cuesta y menos te acuestas.

Otro punto de vista esgrimido con frecuencia se refiere a cierta desorientacin y desenfreno juveniles, cuestin que compete enfrentar a los adultos, pues son ellos quienes han convertido a los jvenes en sus modelos de   identificacin y de conducta. Y aunque no lo admitan han ido rompiendo o trastrocando el papel que de forma tradicional se ha asignado a las diferentes edades. Cuesta reconocerlo: son los mayores los que, a diferencia de las generaciones precedentes, imitan y co- rren tras los chicos y chicas, y no al revés, como normalmente  siempre ha acontecido y parece que debera seguir aconteciendo.

CONSIDERACIONES

Pantalones cados, piercings, tatuajes, camisetas ajustadas, mochilas, jeans, teléfonos mviles, reproductores MP3. Pelo largo, corto, con cresta, esculpido, teido, crneo rasurado  Se trata de una estética bastante comn entre el mocero del presente, muy marcada a nivel internacional por la publicidad y el consumismo, amén de esa necesidad de ser diferentes, atrevidos, que los caracteriza y desborda. Obviamente, la juventud es un colectivo muy diverso y plural. En realidad no existe una juventud, existen constelaciones de jvenes. 

Hablo con mi hijo, pero no me hace caso, se queja una mam, al tiempo que lamenta no saber manejar ni entender a esta nueva generacin. Discusiones, gritos, cansancio, desconfianza, preocupacin, se han convertido en algo cotidiano para muchos padres y madres que no encuentran equilibrio entre la disciplina y la permisibilidad, entre el tira y el afloja.

Carezco de datos cientficos para defender o refutar, de momento, alguna tesis. Es ms, no trato ni me interesa la formulacin de una hiptesis acerca de por qué son as o asao. Pero les aseguro que a nuestros jvenes, con todos los defectos, problemas e insuficiencias, no podemos encasillarlos ni juzgarlos como una generacin en crisis, con falta de valores o algo por el estilo.

Ellos propugnan el desarrollo, las oportunidades, un elevado estado de bienestar, de libertad, de cierta independencia en el hacer y el vestir, a pesar de ser dependientes de sus padres. Mal se les juzga cuando pensamos que carecen de preocupaciones personales. Las tienen. Y las ms coinciden con problemas genéricos de la sociedad, econmicos y familiares. En general miran al futuro con optimismo; aunque, a veces, les cuesta entrever la luz.

Salir con amigos, escuchar msica, ver videos e ir a fiestas caseras, constituyen actividades vitales en la vida de nuestros muchachos y muchachas. El joven estima y busca ansiosamente la amistad, es la edad en que se inicia en ellos la apertura consciente a los dems, la ansiosa bsqueda de la identidad personal. Incluso, ya cumplidos los veintitantos aparece el amigo como ese interlocutor dispuesto a escucharle y ayudarle.

Sus valores fundamentales lo constituyen la libertad, el amor-placer como meta primera de esta; la autenticidad, la experiencia personal; la omnipotencia (poderlo todo aunque todava no se pueda todo); la justicia unida a la paz, como un deseo y un gran sentimiento; la unidad universal; el futuro como mentalidad de cambio, no repetir los errores del pasado, buscar un mundo nuevo a la medida del hombre libre, y otras cualidades ms a tener en cuenta para no perder la comunicacin entre adultos y jvenes.

Injustamente pienso se les mide a todos con la misma vara, y salen a relucir semejantes comentarios: con tantas escuelas que hay en este pas y no tienen la ms mnima educacin, no respetan a nadie, ni siquiera a los viejos, si uno no hace lo que ellos quieren, entonces se ponen bravos y te amenazan con irse de la casa, les hablas y es por gusto, al final hacen lo que les da la gana.

Pero tranquilos, que de semejantes e inadecuados comportamientos se quejaba hasta el propio Scrates (470-399 a C.), considerado el fundador de la filosofa moral o axiologa.

Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos, escribi el gran griego.

A quién reprocharle entonces, a la familia, a la sociedad, a la escuela? Repetir una y otra vez el ya comn: esta juventud est perdida, y molestar, irritar y sacar de quicio al ms sosegado de los jvenes? Me parece injusto y desleal. Acaso no estarn también extraviados los progenitores lastrados por la amargura, la desidia, la falta de voluntad; los funcionarios y dirigentes que imponen viejos dogmas y cuestionan a muchachos y muchachas desconciertos y rebeldas sin pensar que millones de ellos ya han apostado al futuro y se empean en mejorarlo?

Cmo estn educando nuestros maestros y profesores a una generacin en cuyas manos descansan los destinos de la Patria?

No hay educacin ni equilibrio humano si no se ensea a distinguir el bien y el mal. De esa distincin se encarga la razn, que no slo emite juicios técnicos o estéticos, sino también éticos. Para cualquier edad, la razn moral la conciencia es una brjula para el bien y un freno para el mal, y sus juicios pueden ser absolutos. Pero no basta, también deben funcionar la ley y el orden. Yo dira que urge retomar las riendas para enderezar el carro, restablecer los lmites, delimitar fronteras sin levantar muros, recuperar la autoridad sin autoritarismos.

ALGUNOS CONSEJOS NO TAN SABIDOS

Permita que los jvenes compartan abiertamente con usted lo que piensan y sienten. Aunque suelen expresarse con brusquedad y a veces fuera de lugar, manténgase listo para escuchar en todo momento y en cualquier sitio sus opiniones; controle el gran impulso por saber todo lo que estn pensando o planeando hacer en determinado momento, muéstreles confianza para que confen en usted.

Hable clara y concretamente respecto a problemas importantes pero no caiga en el vicio de la repeticin, porque perder su tiempo, ya que el énfasis excesivo anula sistemticamente el objetivo principal. No escatime nunca el elogio y alimente la autoestima, por cada pequeo privilegio otorgado exjales responsabilidades. Instryales para que puedan tomar decisiones propias, muéstreles la gran importancia de aceptar las consecuencias de sus actos.

Enséeles a tratar con informacin, a pensar crticamente sobre lo que ellos ven u oyen, hgales merecer lo que ellos quieren, y adviértales la gran diferencia entre los deseos y las necesidades. Vaya persuadiéndolos de manera paulatina acerca de una gran verdad: la satisfaccin instantnea no es la que ensea habilidades para la vida.

No se trata de someterse a la tirana de los jvenes ni de permitir que lo manipulen a su antojo, sino de buscar pistas para comprender a las nuevas generaciones, hacer nuestros sus retos y comenzar juntos un camino.

Sin la juventud, no podra triunfar la causa revolucionaria ni en las fbricas ni en las zonas rurales, ni en el ejército ni en los centros docentes. Con los jvenes hay que dialogar, escucharlos, por muy disparatadas que nos parezcan sus preguntas, sus presupuestos polticos e ideolgicos.

La gran responsabilidad de la sociedad para con los jvenes radica en hacer efectivos, palpables y crebles los modelos que preconiza e identifica como positivos, en lograr una identidad que enriquezca a unos y otros, sin cavar trincheras generacionales ni suplantar lo que tradicionalmente corresponde a la familia.

Es lamentable, estimado Scrates, que pasados tantos siglos prevalezca entre los adultos su percepcin sobre los jvenes, y que el tema constituya an una asignatura pendiente para el mundo entero.

 

 

 

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Por Mercedes Rodríguez García

Septiembre de 1868. El telégrafo trae desde el otro la del  Atlántico noticias que desesperan a Lersundi, en la segunda etapa de su mandato como Capitán General  de la Isla. Cólera, aflicción y enfermedad, degeneran en arrebatos de furia lo que, sumado a su inhabilidad como gobernador,  favorecen la extensión de la lucha, iniciada con el alzamiento de Céspedes, el 10 de Octubre.

Martí cumplirá pronto 16 años y ya piensa en sumarse a la guerra. Secretamente, en los pasillos del Instituto, reparte un periódico manuscrito con un apasionado soneto salido de su pluma. Don Mariano y Doña Leonor, andan asombrados pues, con frecuencia, escuchan en boca de su hijo las palabras libertad e igualdad.

Sin llegar a comprender la verdadera situación de Cuba, Lersundi regresa a España y lo releva el General Dulce, quien arriba a La Habana el 4 de enero de 1869. Su salud flaquea, lo cual no  impide sus propósitos conciliadores.

 «Unión, fraternidad, olvido por lo pasado y esperanza en el porvenir», proclama en su mensaje por el Día de Reyes. El día 9 firmaría un importantísimo decreto proclamando libertad de pensamiento escrito, sin juicios ni censuras. Dulce «abría la puerta a vientos furiosos», como dijera un historiador de entones.

Más de 60 periódicos comenzaron a publicarse. Martí solicita permiso para imprimir, según sus propias palabras, un« semanario democrático cosmopolita.»

Apenas 10 días después aparece su primer trabajo político en el único número de El Diablo Cojuelo, periódico que edita Fermín Valdés Domínguez en la imprenta librería El Iris, radicada en Obispo No. 20 y 22.

«Esta dichosa libertad de imprenta —dice Martí— que por lo esperada y negada y ahora concedida, llueve sobre mojado, permite que Ud. hable por los codos de cuanto se le antoje, menos de lo que pica; pero también permite que vaya Ud. al juzgado o a la fiscalía, y de la fiscalía o el juzgado lo zambullan a usted en el morro, por lo que dijo o quiso decir. Y a Dios gracias, que en estos tiempos dulces hay distancia y no poca de su casa al Morro.»

Ya la revolución de Yara ha prendido en el Camagüey. Bien claro lo ha gritado Ignacio Agramonte: ¡Independencia o Muerte!

Para disfrazar un poco lo que ha escrito y no revelar del todo a quienes ataca en el artículo O Yara o Madrid,  Martí —sin que deje de comprenderse contra quienes las emprende — cambia las vocales a algunos apellidos.

El 21 de enero, durante la representación de Perro huevero en el teatro Villanueva, se han dado vivas a Cuba y muera España. Los ánimos juveniles circulan exaltados y toda La Habana  yace vigilada por regulares y voluntarios. La madre anda muy preocupada porque Pepe llega tarde en la noche, y ya éste le ha confesado al padre la idea de editar otro periódico, que también saldrá del taller tipográfico de la calle Obispo, el 23 de enero.

Con entusiasmo ambos amigos revisan una y otra vez las pruebas de galeras con sus propios artículos. La alegría les invade el alma…

—Nos haremos un retrato, incita Martí a Fermín.

—¡Pues a vestirnos para la ocasión!, responde  el entrañable amigo.

Para la historia queda la postal: casaca oscura; pantalón claro, casi cubriendo los zapatos negros, el cuello de pajarita, el cabello peinado hacia atrás y la mocedad sin cólera en los ojos soñadores y nítidos.

Es en uno de esos viajes al la imprenta que el impresor le ha objetado al joven Pepe su poema Abdala:

—¿No creen ustedes demasiado temerarios esos versos? Sin las últimas estrofas de este poema nada habría que temer…

Y las lee:

La vida de los nobles, madre mía, / Es luchar y morir por acatarla /    Y si es preciso, con su propio acero / Rasgarse por salvarla las entrañas! / Mas, me siento morir: en mi agonía / (A todos) no vengáis a turbar mi triste calma, / Silencio... Quiero oír... Oh me parece / Que la enemiga hueste derrotada, / Huye por la llanura... oíd!... silencio!  / Ya los miro correr... A los cobardes / Los valientes guerreros se abalanzan... / Nubia venció! muero feliz: la muerte /    Poco me importa, pues logré salvarla... / Oh qué dulce es morir, cuando se muere / Luchando audaz por defender la patria!

Fermín, algo molesto, replica:

—Yo entiendo que esto debe dejarse tal como está. Es el primer trabajo político de mi amigo, en un periódico fundado y dirigido por él.

¿Qué Nubia en el poema es Cuba? ¿Qué Abdala, tal vez el propio Martí? quien refleja en él la contradicción entre su deber de lealtad para con los padres españoles y su obligación para con la patria cubana? Quién lo lea, aún a la distancia de 140 años, entenderá por qué un pueblo toma las armas  para defenderlo de quienes lo atacan y oprimen.

No obstante el mal rato que les ha hecho pasar el suspicaz impresor, los corazones de Martí y Fermín repican de alegría. Abrazados abandonan El Iris, y atraviesan la calle Obispo haciendo caso omiso  a quitrinis, volantas y muchachas, rumbo a la retreta de la Plaza de Armas.

Ya tienen periódico, y se llama Patria Libre.

 

 

 

 

 

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Un hombre que en su vida personal dio potencial para muchas leyendas y sobre lo cual expresa su criterio el Doctor en Filosofía Pablo Guadarrama González.
Por Mercedes Rodríguez García
Aunque naciera en Argentina el Che pertenece a la Humanidad; sin embargo, los cubanos lo hicieron suyo para siempre. Su rostro, inmortalizado por el lente de Korda, compite con el de Jesucristo y se erige como el mito más revolucionario de la historia. Su imagen, estampada en carteles, ropas y hasta perforada en la piel, deviene icono genético de los rebeldes, ...
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Por Mercedes Rodríguez García
Enero de 1985. Desde una mesa del restaurante Delmónico, —el más famoso del New York de entonces—, el agente JP vigila a un hombre de levita y chaleco algo gastados. Ese día, junto a amigos de la familia Miranda, celebra su cumpleaños 45. Los gastos de vigilancia (0.30 USD) serían cobrados por el espía con posterioridad. Todo debía quedar bien claro para los dueños de la Pinkerton's National Detective Agency.
Otro agente llamado CDB, también asentaría sus ...
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Por Mercedes Rodríguez García*
Otra situación migratoria que involucra a miles de cubanos tiene lugar, pero esta vez fuera de nuestra paradigmática isla. La compleja circunstancia humanitaria que viven cerca de 2000 cubanos varados en Centroamérica viene avizorándose desde hace varios años y amenaza con desatar una nueva crisis.
A la mente me viene la Operación Peter Pan (1960) , los embarcaderos de Camarioca (1965) y Mariel (1980) —y por supuesto la Embajada de Perú—, el malecón habanero de 1994 ...
Goodgame Cafe
Por: mamerogar |  #Cont: 0 |  Creado: 17/11/2015 21:58:38
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Pisó suelo cubano poco después de la explosión del vapor La Coubre en la rada habanera, la tarde del 4 de marzo de 1960, procedente de la Unión Soviética. Por motivos que muy pocos conocen encubre su verdadera personalidad y misión bajo la fachada de un pequeño comerciante de tabaco. En las primeras semanas conocería y se entrevistaría con Fidel, quien decide cambiarle el nombre.
Por Mercedes Rodríguez García
Esta historia cumple hoy 65 años. Comenzó la tarde del 4 de marzo de 1960, cuando un ...
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En junio de 1975 Bárbara Sánchez reveló por primera vez a la prensa pasajes inéditos sobre Alejandro García Caturla, el músico, abogado y juez remediano del cual cuidó desde niño y a quien permaneció atada hasta el mismo día en que un matón le quitó la vida. «Era muy él mismo», es el testimonio de esta mujer, que nació y vivió casi un siglo en la pronto cinco veces centenaria villa de San Juan de los Remedios.
Por Mercedes Rodríguez García
Foto: ...
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Por Mercedes Rodríguez García
El primer Martí me llegó de niña, ¡muy niña!, junto con una caja de 24 colores: «Para Mercy, duran toda una vida, cuídalos». Así decía la tarjeta que —con exquisita grafía— colocó dentro de un sobre adjunto mi tía Olga, por entonces maestra rural en Sagua la Chica. Leí machaconamente, como leen los niños cuando están aprendiendo.
Una segunda recomendación —tan dulce como autoritaria— me llegaría ...
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En Las Divas del Mejunje    Comentarios 1
¡Cómo!!, qué bien le va a Santa Clara...
...
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Por Mercedes Rodríguez García
Apropiarse de lo ajeno sin el consentimiento de su dueño —sea particular o estatal— se llama robo, aunque el sustantivo asuste y algunos lo quieran «suavizar» por «hurto», que no es lo mismo ni se escribe igual. Lo cierto: el robo, de este a oeste y de norte a sur de nuestro querido planeta, constituye un delito y es penado por la Ley que, a la hora de tipificar; resulta bastante prolija para «suerte» de acusadores y defensores expertos en andar y desandar los vericuetos de lo ...
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Por Mercedes Rodríguez García
Todo el mundo sabe que un premio es un galardón que se da por algún mérito o servicio; que a veces llega sin esperarlo, y que no siempre se trabaja pensando en él, tenga o no recompensa material, asunto este último que nunca viene mal ya que no solo de pan vive el hombre… ¡ni de pasto natural los rumiantes! durante los 210 días pocos lluviosos o de seca que trae cada «año cubano».
Lo anterior es y no es así para el Doctor en Ciencias Veterinarias de la ...
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Por Luis Machado Ordetx
Los monumentos que se levantan en Villa Clara al Héroe Nacional de Cuba. Caibarién atesora la esfinge más célebre, una pieza de Ettore Salvatore. También es obra del escultor italiano la estatua develada en Placetas, el 4 de agosto de 1926. Antes de comenzar la década de los años 40, Sagua la Grande y Encrucijada también erigieron monumentos al Apóstol. Sobre un pedestal, en el parque Vidal, de Santa Clara, un busto, obra del artista cienfueguero Mateo Torriente Bécquer, inaugurado el 28 ...
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Por Mercedes Rodríguez García
Quiso la Naturaleza más occidental de Cuba hacerle un monumento bello y misterioso al Héroe Nacional. Formación rocosa de Viñales. Paisaje fascinante, caprichosa geografía. Para divisarlo solo es posible desde la distancia, desde un punto singular donde crecen un pino y una palma. Entonces aparecen la frente, la nariz, el bigote, la barbilla... «Y la alfombra es puro helecho / Y los muros abedul, / Y la luz viene del techo / Del techo del cielo azul».
Y por si no bastara el homenaje natural y ...
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02/11/2011 15:28:47
Por Mercedes Rodríguez García
Esta vez el mensaje en «cadena», por correo electrónico, me puso a pensar. No se trataba de una oración a algún santo patrono, tampoco de una rogativa por la salud de alguien, ni de uno de esos chistes que circulan en diapositivas para que usted lo reenvíe a su lista de conocidos. Se trataba, nada más ni nada menos, que de un mensaje publicitario, muy breve, instándome a regalar una bandera cubana a mis amigos.
«Desde ya puedes comprar la bandera de mesa de ...
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31/07/2011/ 7:45:02 PM
Por Mercedes Rodrguez Garca
Consideras la perfeccin de un diario, aun cuando nada hay ms viejo de un peridico de ayer?
En el buen periodismo predomina lo contingente, como deca Carpentier, se trabaja en caliente. Pero existe otro porciento panificable. Soy perfeccionista y hasta en lo catico trato de imponer el orden. En un medio de prensa, como en cualquier otro centro, debe primar la tendencia a mejorar indefinidamente el trabajo sin decidirse a considerarlo acabado. Nada humano es perfecto, as que tampoco lo podr ser un ...
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Por Mercedes Rodríguez García
La Doctora Gema Valdés Acosta, profesora de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas (UCLV), Cuba, es la autora principal del Diccionario de bantuismos en el español de Cuba , recientemente distinguido con el Premio Nacional de la Academia de Ciencias de Cuba (2010). Rubia, pequeña de estatura, aparentemente frágil, resulta difícil imaginársela en las selvas del Congo, tras la garantía del origen africano de palabras como malanga, quimbombó, ñame, ...
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Una de las calles ms cntricas que desemboca en el Parque Vidal, de Santa Clara, capital de Villa Clara, provincia ms central de la Isla.
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Comentario a Fotos desde Cuba

Por: mamerogar | Creado: 18/05/2011 08:13 | Enlace: Comentario a Fotos desde Cuba
Una de las calles ms cntricas que desemboca en el Parque Vidal, de Santa Clara, capital de Villa Clara, provincia ms central de la Isla.
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No sé quien es el autor (a) de esta descripcin, que imagino salida de la mente y pluma de algn extranjero que nos quiere bien. Puede que la misma vaya contra la lgica de la idiosincrasia y el trato extrovertido de mis compatriotas. Pero me gust tanto la pintura publicada en el blog Imaginados, que decid reproducirla en mi Tecla con Café . La ilustracin, un original y sexual mapa de nuestra Isla, lo agradezco a mi amigo José ngel, quien con frecuencia, desde Madrid, me hace llegar por email tales curiosidades grficas. Les dejo entonces a mis ...
_mamerogar_
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Muy buen trabajo. Felicidades.
Alex...
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Por Mercedes Rodrguez Garca
La Agencia EFE difundi a la velocidad de Internet que travestis de toda Cuba celebraron con un espectculo, singular por lo maratnico, lleno de luces, lentejuelas y divas, los 25 aos de El Mejunje, centro cultural de Santa Clara, desde hace aos meca del transformismo y una de las ciudades ms cosmopolitas de la Isla.
Ubicado en una edificacin ruinosa y con el cielo como techo, centenares de personas de todo el pas acudieron este fin de semana a la extraordinaria cita.
La existencia de El Mejunje, en una ciudad del interior, resulta para muchos ...
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¡Cómo!!, qué bien le va a Santa Clara...
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Por Mercedes Rodrguez Garca

 

Nadie lo sabe con certeza, pero cuentan que Don Luis Estévez se dedic a cuidar con sumo esmero el lugar donde descansaban los restos de su querida Marta Abreu, en el cementerio norte de Pars. Muy temprano en la maana, sin importarle el fro, le llevaba flores y las arreglaba con cuidado en la jardinera de mrmol.

  

Cont algn celador que mientras las colocaba, Don Luis hablaba en voz queda, y que luego, sombrero en mano, completamente vestido de negro, acariciaba una de las aldabas de la parte derecha del sepulcro, como para despertar a su amada que dorma.

A partir de aquel 2 de enero de 1909, solo le venan a la cabeza malos pensamientos. Mucho haba sufrido desde que declinara a la vicepresidencia de la Repblica. 

Cierto que el retiro en el central  San Francisco, en Cruces, haba mejorado su salud algo resquebrajada. Fue en ese ingenio donde,  el 31 de marzo de 1905, escribi su carta de renuncia, luego de comprender que sus invocaciones patriticas y las de su incomparable compaera, eran desatendidas por Estrada Palma.

Largo haban conversado sobre el asunto: 

Amantsima ma, presiento la tormenta, estn obrando en mengua del bien comn y del decoro nacional, la Repblica se tambalea.

Iremos a Palacio, Luis. Las medidas de Don Toms para garantizar la reeleccin presidencial son totalmente arbitrarias. Ya encontrar sustituto entre los ms compenetrados con sus aspiraciones y su poltica.

Lo sé, pero echar la pelea contra todos aquellos que quieran oponérsele. 

Y con el cerebro convertido en torbellino, con pasos lentos, se alejaba de la tumba. Mas, solo unos metros y retornaba frente a la lpida. El aire haba liado el ramo de rosas y él volva a componerlas. Luego, bordeaba el sepulcro, miraba el cielo gris y se acosaba  con preguntas intiles: 

Por qué no primero yo? T, mujer tan fuerte, cmo fue posible que no te recuperaras de una operacin de apendicitis si lo hiciste de la muerte de nuestra pequea hija? Cansada de vivir? No, si me tenas a m! Qué podran significar 63 aos, mi querida Marta? El amor no tiene edad. Yo te amo y no puedo vivir sin tus consejos, sin tu compaa.

Y volva a acomodar los tallos y corolas, y a acariciar las aldabas:

Qué va a ser de m solo, apenado, tristsimo? Supimos vencer las contrariedades con tu familia, hicimos un hogar, tuvimos a Pedro, luchamos por la Patria y por tu ciudad a las que entregaste casi toda tu fortuna. Oh!, mujer ngel de voluntad y modelo de perfecciones, la compaera ideal del hombre ilustre, esclarecido,  bueno y de pulcros sentimientos, como t misma me calificabas 

Por fin llegaba la hora de marcharse, nuevamente con el sombrero en la mano, sin darle la espalda a la cripta en seal de respeto. Se alejaba cabizbajo, sumido en un interminable monlogo que duraba gran parte del camino hacia la puerta principal del cementerio, donde lo espera un automvil. 

Nada se sabe a ciencia cierta, pero cuenta el mismo celador que el ltimo da que lo vio hablando con la tumba fue a los treinta y un da de enterrada la finada. 

Lleg como siempre, con la pucha hermossima de rosas Iceberg o  Polyantha  o  Lambertiana. De las ms caras y hermosas que se vendan en Francia. Pero esta vez lo vio ms cabizbajo y plido que nunca, algo desaliada la barba. Al da siguiente supo que el seor se haba dado un tiro. 

Lejos de su Patria, agravados sus males fsicos, inconsolable por la pérdida de su idolatrada compaera, no encontr mejor salida. De su casa en la calle Beaujon, a las 11 de la maana del 5 de febrero, saldra el féretro hacia el mismo cementerio de Montmartre, presidido por su hijo Pedro Nolasco Estévez y Abreu. 

Sobre el atad una corona enorme, de orqudeas, y flores raras, comprada en una afamada floristera de la Avenida Klever. 

La noticia lleg a Cuba y no hubo peridico que dejara de publicarla, seguidas de sueltos, artculos y crnicas. Has muerto lejos de tu hogar, viudo e inconsolable, mrtir de tus ms santos amores, escribira su ntimo amigo Raimundo Cabrera en El Fgaro del 7 de febrero de 1909. 

Once aos después los restos de los eternos amantes llegaron al muelle de San Francisco, La Habana, a bordo del vapor Flandes. Unidos para siempre aquellas dos almas filantrpicas que en todo tiempo rindieron culto de devocin a la caridad y al patriotismo en obras imperecederas de piedad y progreso. 

Solo el viento trae sus sombras. En hombros de los obreros portuarios descienden los atades.  Nada  de bandas militares, ni armn, ni sonido de caones. Segn parece, por  instrucciones testamentarias o instrucciones o deseos dispuestos en familia, debido a la sencillez a la que siempre rindieron culto. Los restos debern ir directamente desde el muelle al cementerio de Coln.

En el recuerdo, que va ms all de la muerte una contina siendo el complemento del otro. Marta posea una mente imaginativa; Luis, el don de llevar las obras hasta las ltimas consecuencias.

De ahora en adelante, sus huesos de amaran en el contacto ya fro de cielo y tierra viejos con una mansedumbre de atardecerconstante. (1)

Fue el de ellos un amor limpio, sereno, reflexivo; perenne y oloroso como las rosas Iceberg,  Polyantha,  y Lambertiana; de motivos, colores y formas especiales, como las orqudeas.

 


Fuente bibliogrfica principal: 


Marta Abreu Arencibia y el Dr. Luis Estévez y Romero. Estudio Biogrfico, por el Dr. M. Garca Garfalo y Mesa. La Habana, 1925. Imprenta y librera La Moderna Poesa, Pi y Margall 135.

(1) Del poema, Lluvia, de Federico Garca Lorca, Granada, 1919)

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Por Mercedes Rodrguez Garca.

 

Lo escuché hace unos das en un carretn, espacio pblico que aprovecho de  vez en vez para tentar los estados de opinin sobre determinados temas, lanzando como alguien me dijo, la manzana de la discordia pues para nadie constituye un secreto lo dado que somos  los cubanos al comentario. Mas juro que en esta oportunidad no fui yo quien desencaden la lengua a los viajantes.

La sin hueso colectiva la desat la cancula por mediacin de una seora gruesa, entrada en aos y atestada de traslcidas javitas. (De esas que pocas veces ofrecen en las shoppings y nunca faltan en sus exteriores.)  A pleno medioda la cubierta  de nylon negro del techo, ms la plegable de un lateral extendida por si llova  convertan el interior del  esmirriado vehculo en un bao turco?

Al paso del cansino el resto de los pasajeros fue sumndose: un presuntuoso cincuentn, dos reclutas, una abuelita, una empleada de gastronoma,  un CVP, y un joven de quien no esperaba ninguna participacin por imaginarlo suspendido del ejercicio de dos de los sentidos a juzgar por las supergafas y la msica que embuta en sus odos el Mp3.

La seora de las javitas hablaba abanicndose fuertemente: Yo soporto todo menos el calor A mi lo que me da rabia son los apagones , responde la gastronmica. EL CVP pone su granito de arena. Hay otras cosas peores de qué lamentarse La abuelita expresa: Peor que el calor, nada; el calor quita hasta las ganas de trabajar. Por eso yo quisiera vivir en Alaska!, apunta el cincuentn. De nuevo el CVP a la riposta: Usted debe ganar mucho para pagarse el pasaje al Polo

La frase ms pintoresca por la aporta el muchacho del Mp3 quien, de forma brusca, se ha quitado los audfonos: Una por usted, abuela, eso mismo dijo Montesquieu, que los pases clidos como el nuestro propician la modorra y la holgazanera Y volvi a colocarse ambos adminculos. Luego  no pronunci una palabra ms, pese a que casi todos se quedaron botados con el Montesquieu ese, a juzgar por la interrogante carajuda del cincuentn, a quien uno de los reclutas le contesta: Ese tal Monte debe haber sido tremendo segregacionista.

Inesperadamente intervino el carretonero dndole un fustazo al caballo. As que ahora se le llama modorra y holgazanera a no querer trabajar? Porque eso es lo que abunda en Cuba, gente que no quiere doblar el lomo pa buscarse los pesos parta de vagos!  Ni los guajiros, ni los hijos de los guajiros, seores, quieren trabajar la tierra.

El cochero, sin proponérselo haba puesto el dedo sobre la llaga y también, con su fusta, a correr al caballo. Silencio, y a sujetarse! Fin del viaje Parque- Terminal de mnibus Interprovincial. Apenas he bajado y caminado unos pasos cuando siento que me tocan en la espalda. El joven del Mp3, sin detener se me sorprende: Yo sé que usted es periodista, métale el coco a Montesquieu que era un tipo inteligente.

Sin acudir a fondo a la obra de el autor de Cartas persas (1721),   Consideraciones sobre las causas de la grandeza y decadencia de los romanos (1734),  El espritu de las leyes (1748),  textos que se lean con entusiasmo, en secreto y a escondidas a principios del siglo XIX, convengo en que s: el clima puede influir en algunas cualidades fsicas del hombre pero no determinar que los habitantes de una nacin u otra resulten ms o menos perezosos o activos.

El clima nada tiene que ver con el letargo y la apata hacia el trabajo, virtud que solamente se practica por el placer que experimenta el espritu, o por los recursos que proporciona para satisfacer las necesidades de la vida. Pero voy a referirme al trabajo como  el esfuerzo realizado para asegurar un beneficio econmico, ya que muchos especialistas diferencian entre trabajo productivo, o sea aquellos tipos de manipulaciones que producen utilidad mediante objetos, y el trabajo improductivo como el que desempea un msico, que es til pero no incrementa la riqueza material de la comunidad.

Durante la colonia y la seudorrepblica, el juego, el analfabetismo, la discriminacin, la falta de empleos, de instruccin, de escuelas y universidades, de centros de cultura y de recreacin; la pobreza absoluta, la mendicidad y otras calamidades sociales imperantes en Cuba, estimulaban la vagancia, término que segn el Diccionario de la RAE significa holgazn, perezoso, poco trabajador; vaco, desocupado, sin el logro de un fin o intento que se desear.

No es el caso. La Revolucin, a lo largo de casi medio siglo de transformaciones constantes, ha dado solucin a cuadro tan denigrante. Y aunque no dudo que existan vagos por ah, el fenmeno es otro. Como bien dijo el carretonero, y en otras palabras, la cuestin radica en buscar el dinero rpido, sin riesgos ni esfuerzos. 

Algunos le llaman especulacin, vocablo  que no se ajusta de manera exacta con nuestra realidad. El especulador vive de las fluctuaciones de precios de las materias primas o de las unidades monetarias de cada pas, y opera en los mercados de futuros, con la esperanza de vender en el mercado continuo a mayores precios antes de la fecha de vencimiento del activo. Aunque el término especulacin se utiliza a menudo con un tono peyorativo, no es ms que un tipo de inversin donde el agente asume riesgos de los que no se puede cubrir. Su variante popular cubana seran los acaparadores.

S existe el conocido mercado negro, o sea,  la venta ilegal de bienes violando la fijacin de precios y el racionamiento gravados por el Gobierno. En tales circunstancias, algunos consumidores yacen listos a pagar precios anormalmente elevados para obtener bienes escasos; y otras personas, dispuestas a venderlos a esos montos, no importan los riesgos, incluidos los de tipo legal. En este comercio incluyendo el  cambio ilcito de unidades monetarias  usted encuentra de todo,  en pesos o en CUC,  y en oportunidades,  ausentes en las empresas estatales.

El fenmeno resulta complejo porque trabajo es lo que sobra en este pas. La construccin y la agricultura, por ejemplo,  piden brazos a gritos. Habra que revisar y superar las ineficiencias de nuestro sistema econmico quitndonos un poco la tan llevada y trada justificacin de pas bloqueado, actuar a tenor con las leyes de la Economa y las Finanzas, que operan de modo independiente a las voluntades polticas, y por supuesto, sin renunciar a uno solo de logros que nos han convertido en pas independiente y en uno de los sistemas ms humanos del mundo.

Se trata de generar bienes, de que el peso adquiera un respaldo productivo. La solucin no radica en incrementar los salarios. Los aumentos salariales pueden producir un aumento de la propensin al consumo, y no al ahorro, en una economa como la nuestra. Otro de los efectos negativos de los aumentos de salarios son las mayores presiones inflacionistas, ya que tienden a trasladar a los precios estos aumentos en los costes de produccin, peligro que se puede evitar si los sueldos no aumentan sobre los niveles de productividad.

No todos podemos comprar un aire acondicionado, mucho menos un auto y por ahora constituye una quimera viajar a Alaska. Tampoco nos libraremos de un tirn de los apagones ni vendrn aumentos salariales  al por mayor.  Del escritor y jurista galo, sus ideas trasnochadas  y su furor por los principios de los fisicratas y los librecambistas, prefiero no hablar. De la modorra y la holgazanera hablaré en otro comentario.

Y del ccochero? Pues como dira en buen francés Charles-Louis de Montesquieu Tres bin, tres bin!

 

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Por Mercedes Rodrguez Garca
 
La Agencia EFE difundi a la velocidad de Internet que travestis de toda Cuba celebraron con un espectculo, singular por lo maratnico, lleno de luces, lentejuelas y divas, los 25 aos de El Mejunje, centro cultural de Santa Clara, desde hace aos meca del transformismo y una de las ciudades ms cosmopolitas de la Isla.
 
Ubicado en una edificacin ruinosa y con el cielo como techo, centenares de personas de todo el pas acudieron este fin de semana a la extraordinaria cita.

La existencia de El Mejunje, en una ciudad del interior, resulta para muchos un hecho mgico. Ha sido un lugar para realizarse personalmente, un acto de fe y un acto de entender a la gente. Pero nunca se ha propuesto ni se propondr ser un lugar gay, explic a la EFE su creador y director, Ramn Silverio.

Muchos consideran a Silverio el alma de El Mejunje, incluso lo juzgan insustituible: Nada de eso, no soy eterno, y la muerte no me preocupa, aunque tampoco me interesa .Cuando me muera no sé cmo continuara, a lo mejor quienes sigan al frente harn una obra mejor, refiri da antes al reportero del semanario provincial Vanguardia.

Ms adelante, explic: Yo jugué mi momento histrico. Y mientras me queden fuerzas, y tengo muchas todava, voy a continuar con el mismo entusiasmo.

Ramn Silverio Gmez, artfice indiscutible e inconfundible del proyecto cultural ms conocido de la Isla y en el extranjero, declar que al fundarlo (1984) pens en una alternativa en una ciudad muy aburrida, necesitada por dems de un espacio abierto a todos los artistas y jvenes, sin marginaciones de ningn tipo, en el que pudieran departir y disfrutar plenamente del arte.

Me considero una persona muy respetada. (...) Nadie me ha llamado nunca para impedirme hacer algo. Si se han sentido inconformes, me lo han planteado de la manera ms suave posible.  (...) He hecho las cosas por placer. Me atrae estar en el filo de la navaja (...) Existen muchas instituciones aburridas, porque casi todas hacen lo mismo. Aqu, para bien, marcamos la diferencia.

Sobre una referencia que hiciera Abel Prieto, Ministro de Cultura, durante en el pasado Congreso de la UNEAC,  Silverio acot: Cierto, expres que deban existir muchos Mejunjes. Es un reconocimiento merecido, tampoco uno puede ser extremadamente modesto. El Mejunje se lo ha ganado por lo hecho durante todo este tiempo, lo cual ayud a cambiar la forma de pensar de alguien 'de arriba', para fijarse en nosotros.

En su opinin no es tan sencilla la creacin de espacios similares, pues resulta un hecho nico con caractersticas propias. He visto surgir muchos proyectos basados en el nuestro, y todos han quedado en el camino. 

La cultura cubana necesita de sitios diferentes, romper esquemas. Querer reproducirlos constituye un error.
 
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¡Cómo!!, qué bien le va a Santa Clara...
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No sé quien es el autor (a) de esta descripcin, que imagino salida de la mente y pluma de algn extranjero que nos quiere bien. Puede que la misma vaya contra la lgica de la idiosincrasia y el trato extrovertido de mis compatriotas. Pero me gust tanto la pintura publicada en el blog Imaginados, que decid reproducirla en mi Tecla con Café. La ilustracin, un original y sexual mapa de nuestra Isla, lo agradezco a mi amigo José ngel, quien con frecuencia, desde Madrid, me hace llegar por email tales curiosidades grficas. Les dejo entonces a mis cafeinmanos lectores, la croniquilla en cuestin. Disfrtenla.

 

Cuando Dios hizo al mundo, qued tan asombrado por la bonitura de su obra, que dej caer entre los dedos cascajos involuntarios que fueron la ms bella chambonada de la creacin: el archipiélago cubano. 

Conmovido por la feliz casualidad, no puso en él ni fieras ni escorpiones, ni vboras ni volcanes, ni cosa alguna que lastimara a los soadores de la intemperie. Fue as que con el tiempo y los sucesos naci lo criollo en el aluvin de las razas, golpe de amor y faena, en la obsesiva aoranza de ser pas, nacin, desmesura de lo suyo. De Espaa heredaron la adarga y la terca altanera quijotesca; de frica el pié fcil para el baile, el odo musical, la sonrisa a ultranza; de China la tenaz resignacin, el misterio; de Francia la discreta elegancia del amor en pareja, los adornos de la vida. 

Todo el aire que respiran viene del mar, la arena de sus playas es como polvo de oro, en su tierra la semilla germina sin ayudas, no tienen inviernos ni veranos, sino todo lo contrario, con una media de 25oC, imprevistos y efmeros aguaceros y una corta temporada en que las masas fras anulan algunas horas el paisaje. 

Al cubano le gusta el buen vivir sin debérselo a nadie y para conseguirlo ejercita todas sus artes y maas, apela a la suerte, a lo divino, o lo resuelve con picarda tropical. Aunque todava usan bueyes para roturar la tierra, ya se ven desde el cosmos y comprueban que los cartgrafos no se equivocaron al dibujarlos con silueta de caimn. Apuestan siempre a tener lo mejor, ya sea la mujer o la tumbadora, los zapatos o el silln del portal. 

Les gusta la mesa bien servida, el men diverso, suma sabrosa del congr, el pollo frito y los tachinos, el tasajo con boniato, el picadillo con papas fritas, el cerdo asado y la yuca con mojo, los frijoles negros, el huevo frito, el chilindrn, el fricasé o el ajiaco resucitador. Son también apegados al dulce, los cascos de guayaba, el ajonjol y la garapia, el boniatillo y la raspadura, los merengues, el flan, natilla y caramelos, pero lo mejor de su dulce azcar pasa por los alambiques y termina en los toneles donde se aeja un ron superior. 

Y al final, la imprescindible tacita de café, sabroso, aromtico, y el habano de perfume sonsacador, quizs lo nico que les sigue identificando con los primeros cubanos. Pero también saben sentarse a la mesa escasa, si no hay pan comen casabe, todos los das repiten el milagro de los panes y los peces, son inventores audaces de la sobrevivencia. 

El cubano lo sabe todo, lee los peridicos entre lneas y solo necesita un par de cervezas para arreglar el mundo. Eso s, es de memoria flaca, no devuelve libros prestados y slo se acuerda de Santa Brbara cuando truena. La necesidad ha sido su maestra, el orgullo su consejero, pero atienden ms a las razones del corazn que a las evidencias de la oportunidad y la conveniencia. Son gente de paz, no les ciega la victoria, pero no saben perder. 

Enfrentaron la dominacin colonial con coraje, pelearon en condiciones inferiores contra tropas ms numerosas que la suma de las emplazadas contra OHiggins, San Martn, Bolvar y Washington. 

Entre ocho mil especies de su rica flora, adoran a la Ceiba, respetan la palma real, rbol nacional, su flor es la mariposa y el ave nacional es el tocororo. 

Su deporte es la pelota, su juego el domin, con piezas que suenen fuerte sobre la mesa. Necesitan muy poco espacio para ser felices, saben multiplicar los domingos, son fiesteros, desinhibidos, noveleros, rehsan el tratamiento de usted, entran en las casas hasta la cocina, se burlan de su propia desgracia, hasta en los funerales se cuentan chistes. 

Son el mejor amigo del perro, cohabitan también con gatos, cotorras y gallos finos. Les gustan las azoteas, los balcones, el rumor de las guitarras y los ros, el resplandor bullicioso del carnaval, la playa, el malecn, la guayabera, la cerveza helada. Son dicharacheros, escandalosos, desmesurados. Hijos del clido clima en los lmites trridos, se les tilda de violentos, improvisadores, tropicalmente despaciosos, amigos del choteo y del relajo, expansivos, inconstantes, derrochadores, presumidos. 

Desprecian a los delatores, envidiosos, a los cazadores de oportunidades ajenas, detestan la ambicin, la mentira y la avaricia, la doble cara y el lamento. Saben apreciar lo grandioso de la menudencia, la brevedad de la vida, el sentido obligado de la reciprocidad, aunque, como dijera un patriota, a veces no llegan y otras se pasan. 

Creen en el azar, el martes trece y los horscopos, en la cartomancia, el biorritmo y el mal de ojos. Tienen varios dioses y cielos, su Olimpo est disperso de Nairobi hasta Roma.

Cuba es hacendosa y constante, candorosamente hospitalaria, espontnea, solitaria, material noble para cualquier noble empeo. Es también una palabra bonita como guarachamulata, guateque, siboney. Son buenos en los oficios y artes, y también en el amor, que hacen con vehemencia y concediéndole tiempo al encanto. 

No les asustan los huracanes ni los augurios, si se miran a un espejo, ven la buena voluntad con biografa complicada. Son, en fin, lo que son: cubanos.

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Por Mercedes Rodríguez García






El primer Martí me llegó de niña, ¡muy niña!, junto con una caja de 24 colores: «Para Mercy, duran toda una vida, cuídalos». Así decía la tarjeta que —con exquisita grafía— colocó dentro de un sobre adjunto mi tía Olga, por entonces maestra rural en Sagua la Chica. Leí machaconamente, como leen los niños cuando están aprendiendo.

Una segunda recomendación —tan dulce como autoritaria— me llegaría de inmediato en su propia voz: «Aquí tienes una hoja de papel, dibújame al Apóstol de la independencia de Cuba». «Pero ¿ahora mismo?, tía», le pregunté con el tono más fastidioso que recuerdo. «Sí, ahora mismo, ven, vamos a sentarnos a la mesa».

Sentí deseos de devolverle aquel precioso estuche que me hubiera gustado estrenar tirada en el piso, coloreando cuando tuviera deseos, pintando lo que me viniera en ganas. Pero fui. Y salió él, desproporcionado y bigotudo, en medio de un jardín con flores.

Mi segundo Martí vino en un libro: La Edad de Oro, regalo también de otra tía, Mary, dependienta en tienda de ropa, el día de mi quinto cumpleaños, y con una sola condición: «Es para ti, para tu prima y tu hermano». De modo que el ejemplar permaneció siempre al alcance de ellos, y además, de los amiguitos del barrio que por las tardes venían a jugar a la escuelita, en la cual invariablemente yo hacía de maestra.

Mi tercer Martí fue rojo y dorado, impreso en un diploma. Me lo gané cursando el sexto grado, cuando en el primer semestre de clases salí vanguardia del grupo de la señorita Georgina Irastorza. El cuarto, lo compré en una quincalla, un cuadrito de pequeño formato, por solo 50 centavos. Los había de Maceo, Céspedes, Agramonte, Gómez, La Caridad, San Lázaro, Santa Bárbara, Mike Mouse, Pato Donald, Lazie, Rin Tin Tin, mas, el dinero solo alcanzaba para uno.

Pero el que más recuerdo me lo dejó Martica Ubals, mi compañera de secundaria, cuando se fue de Cuba y nos despedimos en la plaza del mercado, que en menos de un año sería Coppelia. Lo colgué en mi cuarto y allí estuvo hasta que una foto de Camilo ocupó su lugar debajo del cristal. (Mi madre decía que ya había muchos Martí en la casa, y mi padre, que hacían falta más Martí en la calle).

El sexto, lo compré en la recién estrenada librería Pepe Medina. Ya estudiaba en el preuniversitario Osvaldo Herrera, y muy pocos entendían mis desafueros por The Beatles, que para la «gran cátedra» no era más que una banda diversionista, y nada tenía que ver con el idioma que el profesor Mauro de la Torre me repasaba en «secreto» con ejemplos extraídos de Míster Postman, Yellow River , Sgt. Pepper's o Lady Madonna.

Ese, mi Martí más lindo, el de Jorge Arche, paisaje rural de fondo, vestía de guayabera, y como El Sagrado Corazón de Jesús en eso de llevar la mano al pecho, resultaba a mi ojo —afinado por la pintora Aida Ida Morales en sus clases de Artes Visuales— un Martí icónico, sublimado: el de «con los pobres de la tierra», el de «con todos y para el bien de todos», el que años después, en la Universidad me revelara como un Martí seminal, el doctor Ordenel Heredia.

Otro Martí, de busto en bronce, estaba en casa antes de yo nacer en posesión de mi abuelo, calzando adeudos sobre el aparador. Un día desapareció y apareció luego en una caja, entre sus cosas de muerto. Pasó a mi padre que lo cedió por derecho justo a su hermana, la maestra, que lo llevó a su escuela en la montaña.

Martí volvió. Lo trajo chamuscado. Fue lo único que no se quemó cuando los alzados prendieron fuego al cañaveral del fondo. Lo limpié con agua, detergente y franela. Apenas le quedó la pátina del tiempo. Martí fue mío. Desde el librero vio crecer mis niños, disfrutó mis fiestas, mis lutos, mis desvelos nocturnos apremiada por el cierre.

Ese ha sido mi Martí más íntimo y valiente. Fundacional, vigila ahora la casa de mi hijo, los pasos de mi nieta. Y tengo más Martí: Martí moneda conmemorativa por el Centenario de su natalicio, y otros Martí valores numismáticos, y muchos Martí libros, obras completas, grabados, recortes, Bohemias incunables. Y algunos que me enervan y me salvan de odios y egoísmos. Martí romántico, didáctico, político, poético. Martí sol, Martí rosa, Martí abeja, Martí ojo del canario…

¡Ah!, cuánto tiempo ha pasado. Martí dibujado, aprendido, querellado, heredado, compartido, interpretado, desde que era niña, ¡muy niña! Martí necesario, imprescindible, entrañable, enraizado, avizor, eterno. Es mi Martí. El que me va por dentro y quisiera compartir contigo.
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Por Mercedes Rodrguez Garca

 

Relato de mi primer encuentro con Ral Garca Mart, sobrino de nuestro Héroe Nacional, quien radic en Santa Clara entre principios de 1960 y mediados de 1980 del pasado siglo. El ya entonces octogenario ingeniero textil me refiri su versin sobre la cada del Maestro, el 19 de mayo de 1895, as como los argumentos en que bas su negacin sobre l posibilidad de un acto suicida o de inmolacin.

El ENCUENTRO EN EL HOTEL MODELO

Solo me urga escuchar su opinin para definir una polémica en la que me haba metido, inspirada por las clases de Literatura Martiana que reciba como parte de mis estudios de Filologa en la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas. (UCLV)

Seran los aos 1978 1979. Un amigo de mi padre, el doctor Entralgo, me manifest que él poda localizar al ingeniero Garca en el hotel Modelo, que era gente amistosa, y que si adems le deca quien me mandaba, no se negara a recibirme.

Efectivamente, un medioda, en la habitacin 85, compart varias horas con Ral Garca Mart, uno de los 18 sobrinos del Apstol, hijo de Rita Amelia (la mejor de sus siete hermanas), y el nico de los 28 familiares directos que quedaba vivo en Cuba.

Le expliqué que por aquellos das me hallaba enfrascada en una ponencia sobre las circunstancias que rodearon la cada de su to en Dos Ros, y que él, mejor que nadie, poda saber cual de las versiones se ajustaba ms a la realidad de acuerdo con el carcter y la personalidad del héroe.

Sus ojos saltones, salidos de las rbitas, sobredimensionaron la fealdad de un rostro pletrico de arrugas. Sin mediar palabras se levanto cuan alto era y, colocndome su larga y delicada mano sobre la cabeza, me respondi con otra interrogante: No has ledo lo que escrib al respecto, verdad?

Tuve que confesarle que no, aunque s lo conoca como autor de una biografa familiar, muy llevada y trada en la época en que vio la luz.

Aqu no tengo ninguno, pero dgale al doctor Entralgo que le facilite uno, yo le entregué dos ejemplares que me quedaban, aadi. (Nunca me lo prest, era un biblifilo, tacao y egosta.)

Pensé que haba metido el delicado y no me seguira contando. Mas se sent al borde de la cama, prendi un tabaco y, luego de sucesivas chupadas y exhalaciones, comenz a hablar:

Mire, yo me adhiero a lo que cont Mximo Gmez en su diario. Él estuvo a su lado hasta poco antes de su cada. Quienes fundan una teora suicida solo piensan en vituperarlo. Copado por fuerzas muy superiores, prefiri morir, s, y no por la espalda, sino como en sus Versos sencillos, de cara al sol.

MUY INJURIOSO TILDARLO DE CAPITN ARAA

Fue como si la conversacin hubiera terminado, porque se levant y encamin sus pasos hacia la puerta entreabierta Qué bueno!, la cerr y volvi a la posicin anterior. Respiré profundo y, sin darle tiempo a su elocuente verbo, le transmit algunas consideraciones que quizs partan le aclaré de la respuesta que Mart diera a la carta abierta de Enrique Collazo, misiva que le llega como una daga en su exilio neoyorquino, cuando ya haba logrado unificar los distintos clubes y estaba a punto de fundar el Partido Revolucionario Cubano.

Mire, jovencita, Collazo, quien termina embarcndose con mi to hacia Quisqueya. Fue muy injurioso al tildarlo de Capitn Araa, y decirle que al volver a encenderse la guerra, continuara predicando la accin, pero sin ir al combate. Como era de esperar, la reaccin de Mart no poda ser tibia, sino ardiente, elevada y aleccionadora.

Y cit de memoria y textualmente la respuesta: Creo, seor Collazo, que he dado a mi tierra, desde que conoc la dulzura de su amor, cuanto hombre puede dar. Creo que he puesto a sus pies muchas veces fortuna y honores. Creo que ya no me falta, el valor necesario para morir en su defensa.

Coincide usted conmigo en que dicho mensaje pudo motivar cierta fantasa sobre el arrojo de su to?

Tal vez, pero le repito que no hay buenas intenciones en ese tipo de hiptesis que en la década del 50 del ayud a afianzar una pelcula muy mediocre, mexicano-cubana de El Indio Fernndez titulada La rosa blanca.

Recuerda alguna escena, Ral?

Existe una escena donde se aborda la reaccin de Mart ante la carta de collazo, casi junto a otra de la partida hacia los campos de Cuba en armas. Se ve la estela del barco y, a continuacin, mi to, enfermo y atribulado, dictando la respuesta. En los espectadores quedaba la impresin de que aquel viaje era impulsado por aquella cita pblica de Collazo. Pero analice usted. Entre ambos hechos, en realidad, hay nada menos que tres aos, fundamentales y decisivos!

Ral, el doctor Entralgo me mostr una foto del cadver de su to en el momento en que se procede a una nueva exhumacin, el 26 de mayo de 1895. Fue publicada en una revista Bohemia de 1959, acompaando un artculo en el cual su autor afirma que Mart qued herido y no muerto al instante

Eso es mentira!, dgale a Entralgo que me mande esa Bohemia.

Espere, déjeme terminar. También en esa misma publicacin, en un nmero de 1953. Parece un encendido comentario acerca de cmo fue recolectado el dinero para construir el monumento que preside la actual Plaza de la Revolucin en Ciudad Habana

Es posible de suponer que mi to cayera gravemente herido. Y lo pienso por la nota que dej al Jefe de la Fuerza que lo conduca, en la tienda de doa Modesta. Por all pasaron, en su rpida retirada, con la valiosa presa.

S, traigo anotado el texto. Le leo: Mart, herido, lo cuidaré y se lo devolveré.

As mismo es. Pero dado el fanatismo reinante entre la tropa espaola, al conocerse de quien se trataba, quizs rematasen su vida con el tiro de gracia, que pudiera ser el que presentaba su cadver en la cara.

Eso se lo dejo a los investigadores, no quisiera especular. Deme sus puntos de vistas.

Lo dems es bien conocido: arrastraron su cuerpo por el fango y lo enterraron inhumanamente, sin lienzo ni atad, como acto de cruel ensaamiento.

UNAS HONRAS QUE MI TO HUBIERA RECHAZADO

  Y lo del monumento?

A mi juicio constituyeron unas honras que mi to hubiera rechazado de seguro. Por decreto nmero 42 de septiembre de 1952, y no por conciencia y voluntad popular, se recolect el dinero a dase de impuestos y exacciones econmicas. Fue una medida general y obligatoria: das de haber del personal de comercio e industria, portes de contribuyentes al seguro de salud y de Maternidad Obrera y de todo aquel que se ganara el pan con el sudor de su frente, profesionales, empleados, asalariados, instituciones. Diez centavos por cada una de las cabezas de ganado vacuno sacrificado, quintal de café limpio o beneficiado, tercio de tabaco en rama; veinte centavos por cada millar de tabaco y uno por cada catorce ruedas de cigarrillos fabricados en ese ao.

Era por el ao del centenario del nacimiento Apstol.

Y de la politiquera

Y si alguien se negaba?

Se prevea la desobediencia y el castigo. Yo me pregunto: Por qué no cogieron ese dinero del Tesoro Pblico? Claro, ya estaba exhausto debido al vals de la poltica de la época, el usufructo tomado del poder. Palacios, fincas, yates propios, cuentas en bancos extranjeros. Todo salido de las aras nacionales para beneficio de particulares, de privilegiados de la sinecura y la botella. Una forma ms de corromper el sentido honorable del trabajo y de la educacin del pueblo. Se malgastaba la plata necesaria para escuelas y hospitales

Iban a dar las cinco de la tarde, y Ral, metdico en sus costumbres, me advierte la hora.

Puedo venir otro da?

Venga cuantas veces guste, me avisa antes. Ya me conoce. Prescinda del doctor Entralgo. Prefiero conversar por las maanas, son ms frescas y me fatigo menos.

Como por ese tiempo me haba picado el bichito del periodismo, pensé que sera bueno. Regresé dos o tres semanas después, en compaa de un colega. En mi agenda de entonces, hallada aos después durante una de esas limpiezas generales a al papelera acumulada.

Nunca escrib un artculo con fines publicables. Hasta el ao 1999 durmieron las notas y la transcripcin de la breve entrevista. Se cumplan entonces 104 aos de la cada del Apstol. Tuve que hilvanar recuerdos y darle forma a detalles enriquecedores del memorable encuentro.

De Ral Garca Mart supe que falleci en los aos 1990, en un hogar de ancianos de la capital cubana.

Guardo de él también el testimonio sobre su madre y su abuela doa Leonor, as como el que con relacin a su persona me ofrecieron dos mujeres que le brindaron su amistad y cuidado, desde que abandon su quinta en Tapaste y lleg a Santa Clara para entregarse en cuerpo y alma a la construccin y montaje de la fbricas de sacos (SAKENF), cuyas primeras mquinas don y ech a andar.

La misin le fue confiada por el entonces Ministro de Industrias Comandante Ernesto Guevara de la Serna.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios
_mamerogar_
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Muy buen trabajo. Felicidades.
Alex
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Por Mercedes Rodrguez Garca

 

Nadie lo sabe con certeza, pero cuentan que Don Luis Estévez se dedic a cuidar con sumo esmero el lugar donde descansaban los restos de su querida Marta Abreu, en el cementerio norte de Pars. Muy temprano en la maana, sin importarle el fro, le llevaba flores y las arreglaba con cuidado en la jardinera de mrmol.

  

Cont algn celador que mientras las colocaba, Don Luis hablaba en voz queda, y que luego, sombrero en mano, completamente vestido de negro, acariciaba una de las aldabas de la parte derecha del sepulcro, como para despertar a su amada que dorma.

A partir de aquel 2 de enero de 1909, solo le venan a la cabeza malos pensamientos. Mucho haba sufrido desde que declinara a la vicepresidencia de la Repblica. 

Cierto que el retiro en el central  San Francisco, en Cruces, haba mejorado su salud algo resquebrajada. Fue en ese ingenio donde,  el 31 de marzo de 1905, escribi su carta de renuncia, luego de comprender que sus invocaciones patriticas y las de su incomparable compaera, eran desatendidas por Estrada Palma.

Largo haban conversado sobre el asunto: 

Amantsima ma, presiento la tormenta, estn obrando en mengua del bien comn y del decoro nacional, la Repblica se tambalea.

Iremos a Palacio, Luis. Las medidas de Don Toms para garantizar la reeleccin presidencial son totalmente arbitrarias. Ya encontrar sustituto entre los ms compenetrados con sus aspiraciones y su poltica.

Lo sé, pero echar la pelea contra todos aquellos que quieran oponérsele. 

Y con el cerebro convertido en torbellino, con pasos lentos, se alejaba de la tumba. Mas, solo unos metros y retornaba frente a la lpida. El aire haba liado el ramo de rosas y él volva a componerlas. Luego, bordeaba el sepulcro, miraba el cielo gris y se acosaba  con preguntas intiles: 

Por qué no primero yo? T, mujer tan fuerte, cmo fue posible que no te recuperaras de una operacin de apendicitis si lo hiciste de la muerte de nuestra pequea hija? Cansada de vivir? No, si me tenas a m! Qué podran significar 63 aos, mi querida Marta? El amor no tiene edad. Yo te amo y no puedo vivir sin tus consejos, sin tu compaa.

Y volva a acomodar los tallos y corolas, y a acariciar las aldabas:

Qué va a ser de m solo, apenado, tristsimo? Supimos vencer las contrariedades con tu familia, hicimos un hogar, tuvimos a Pedro, luchamos por la Patria y por tu ciudad a las que entregaste casi toda tu fortuna. Oh!, mujer ngel de voluntad y modelo de perfecciones, la compaera ideal del hombre ilustre, esclarecido,  bueno y de pulcros sentimientos, como t misma me calificabas 

Por fin llegaba la hora de marcharse, nuevamente con el sombrero en la mano, sin darle la espalda a la cripta en seal de respeto. Se alejaba cabizbajo, sumido en un interminable monlogo que duraba gran parte del camino hacia la puerta principal del cementerio, donde lo espera un automvil. 

Nada se sabe a ciencia cierta, pero cuenta el mismo celador que el ltimo da que lo vio hablando con la tumba fue a los treinta y un da de enterrada la finada. 

Lleg como siempre, con la pucha hermossima de rosas Iceberg o  Polyantha  o  Lambertiana. De las ms caras y hermosas que se vendan en Francia. Pero esta vez lo vio ms cabizbajo y plido que nunca, algo desaliada la barba. Al da siguiente supo que el seor se haba dado un tiro. 

Lejos de su Patria, agravados sus males fsicos, inconsolable por la pérdida de su idolatrada compaera, no encontr mejor salida. De su casa en la calle Beaujon, a las 11 de la maana del 5 de febrero, saldra el féretro hacia el mismo cementerio de Montmartre, presidido por su hijo Pedro Nolasco Estévez y Abreu. 

Sobre el atad una corona enorme, de orqudeas, y flores raras, comprada en una afamada floristera de la Avenida Klever. 

La noticia lleg a Cuba y no hubo peridico que dejara de publicarla, seguidas de sueltos, artculos y crnicas. Has muerto lejos de tu hogar, viudo e inconsolable, mrtir de tus ms santos amores, escribira su ntimo amigo Raimundo Cabrera en El Fgaro del 7 de febrero de 1909. 

Once aos después los restos de los eternos amantes llegaron al muelle de San Francisco, La Habana, a bordo del vapor Flandes. Unidos para siempre aquellas dos almas filantrpicas que en todo tiempo rindieron culto de devocin a la caridad y al patriotismo en obras imperecederas de piedad y progreso. 

Solo el viento trae sus sombras. En hombros de los obreros portuarios descienden los atades.  Nada  de bandas militares, ni armn, ni sonido de caones. Segn parece, por  instrucciones testamentarias o instrucciones o deseos dispuestos en familia, debido a la sencillez a la que siempre rindieron culto. Los restos debern ir directamente desde el muelle al cementerio de Coln.

En el recuerdo, que va ms all de la muerte una contina siendo el complemento del otro. Marta posea una mente imaginativa; Luis, el don de llevar las obras hasta las ltimas consecuencias.

De ahora en adelante, sus huesos de amaran en el contacto ya fro de cielo y tierra viejos con una mansedumbre de atardecerconstante. (1)

Fue el de ellos un amor limpio, sereno, reflexivo; perenne y oloroso como las rosas Iceberg,  Polyantha,  y Lambertiana; de motivos, colores y formas especiales, como las orqudeas.

 


Fuente bibliogrfica principal: 


Marta Abreu Arencibia y el Dr. Luis Estévez y Romero. Estudio Biogrfico, por el Dr. M. Garca Garfalo y Mesa. La Habana, 1925. Imprenta y librera La Moderna Poesa, Pi y Margall 135.

(1) Del poema, Lluvia, de Federico Garca Lorca, Granada, 1919)

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Por Mercedes Rodrguez Garca.

 

Lo escuché hace unos das en un carretn, espacio pblico que aprovecho de  vez en vez para tentar los estados de opinin sobre determinados temas, lanzando como alguien me dijo, la manzana de la discordia pues para nadie constituye un secreto lo dado que somos  los cubanos al comentario. Mas juro que en esta oportunidad no fui yo quien desencaden la lengua a los viajantes.

La sin hueso colectiva la desat la cancula por mediacin de una seora gruesa, entrada en aos y atestada de traslcidas javitas. (De esas que pocas veces ofrecen en las shoppings y nunca faltan en sus exteriores.)  A pleno medioda la cubierta  de nylon negro del techo, ms la plegable de un lateral extendida por si llova  convertan el interior del  esmirriado vehculo en un bao turco?

Al paso del cansino el resto de los pasajeros fue sumndose: un presuntuoso cincuentn, dos reclutas, una abuelita, una empleada de gastronoma,  un CVP, y un joven de quien no esperaba ninguna participacin por imaginarlo suspendido del ejercicio de dos de los sentidos a juzgar por las supergafas y la msica que embuta en sus odos el Mp3.

La seora de las javitas hablaba abanicndose fuertemente: Yo soporto todo menos el calor A mi lo que me da rabia son los apagones , responde la gastronmica. EL CVP pone su granito de arena. Hay otras cosas peores de qué lamentarse La abuelita expresa: Peor que el calor, nada; el calor quita hasta las ganas de trabajar. Por eso yo quisiera vivir en Alaska!, apunta el cincuentn. De nuevo el CVP a la riposta: Usted debe ganar mucho para pagarse el pasaje al Polo

La frase ms pintoresca por la aporta el muchacho del Mp3 quien, de forma brusca, se ha quitado los audfonos: Una por usted, abuela, eso mismo dijo Montesquieu, que los pases clidos como el nuestro propician la modorra y la holgazanera Y volvi a colocarse ambos adminculos. Luego  no pronunci una palabra ms, pese a que casi todos se quedaron botados con el Montesquieu ese, a juzgar por la interrogante carajuda del cincuentn, a quien uno de los reclutas le contesta: Ese tal Monte debe haber sido tremendo segregacionista.

Inesperadamente intervino el carretonero dndole un fustazo al caballo. As que ahora se le llama modorra y holgazanera a no querer trabajar? Porque eso es lo que abunda en Cuba, gente que no quiere doblar el lomo pa buscarse los pesos parta de vagos!  Ni los guajiros, ni los hijos de los guajiros, seores, quieren trabajar la tierra.

El cochero, sin proponérselo haba puesto el dedo sobre la llaga y también, con su fusta, a correr al caballo. Silencio, y a sujetarse! Fin del viaje Parque- Terminal de mnibus Interprovincial. Apenas he bajado y caminado unos pasos cuando siento que me tocan en la espalda. El joven del Mp3, sin detener se me sorprende: Yo sé que usted es periodista, métale el coco a Montesquieu que era un tipo inteligente.

Sin acudir a fondo a la obra de el autor de Cartas persas (1721),   Consideraciones sobre las causas de la grandeza y decadencia de los romanos (1734),  El espritu de las leyes (1748),  textos que se lean con entusiasmo, en secreto y a escondidas a principios del siglo XIX, convengo en que s: el clima puede influir en algunas cualidades fsicas del hombre pero no determinar que los habitantes de una nacin u otra resulten ms o menos perezosos o activos.

El clima nada tiene que ver con el letargo y la apata hacia el trabajo, virtud que solamente se practica por el placer que experimenta el espritu, o por los recursos que proporciona para satisfacer las necesidades de la vida. Pero voy a referirme al trabajo como  el esfuerzo realizado para asegurar un beneficio econmico, ya que muchos especialistas diferencian entre trabajo productivo, o sea aquellos tipos de manipulaciones que producen utilidad mediante objetos, y el trabajo improductivo como el que desempea un msico, que es til pero no incrementa la riqueza material de la comunidad.

Durante la colonia y la seudorrepblica, el juego, el analfabetismo, la discriminacin, la falta de empleos, de instruccin, de escuelas y universidades, de centros de cultura y de recreacin; la pobreza absoluta, la mendicidad y otras calamidades sociales imperantes en Cuba, estimulaban la vagancia, término que segn el Diccionario de la RAE significa holgazn, perezoso, poco trabajador; vaco, desocupado, sin el logro de un fin o intento que se desear.

No es el caso. La Revolucin, a lo largo de casi medio siglo de transformaciones constantes, ha dado solucin a cuadro tan denigrante. Y aunque no dudo que existan vagos por ah, el fenmeno es otro. Como bien dijo el carretonero, y en otras palabras, la cuestin radica en buscar el dinero rpido, sin riesgos ni esfuerzos. 

Algunos le llaman especulacin, vocablo  que no se ajusta de manera exacta con nuestra realidad. El especulador vive de las fluctuaciones de precios de las materias primas o de las unidades monetarias de cada pas, y opera en los mercados de futuros, con la esperanza de vender en el mercado continuo a mayores precios antes de la fecha de vencimiento del activo. Aunque el término especulacin se utiliza a menudo con un tono peyorativo, no es ms que un tipo de inversin donde el agente asume riesgos de los que no se puede cubrir. Su variante popular cubana seran los acaparadores.

S existe el conocido mercado negro, o sea,  la venta ilegal de bienes violando la fijacin de precios y el racionamiento gravados por el Gobierno. En tales circunstancias, algunos consumidores yacen listos a pagar precios anormalmente elevados para obtener bienes escasos; y otras personas, dispuestas a venderlos a esos montos, no importan los riesgos, incluidos los de tipo legal. En este comercio incluyendo el  cambio ilcito de unidades monetarias  usted encuentra de todo,  en pesos o en CUC,  y en oportunidades,  ausentes en las empresas estatales.

El fenmeno resulta complejo porque trabajo es lo que sobra en este pas. La construccin y la agricultura, por ejemplo,  piden brazos a gritos. Habra que revisar y superar las ineficiencias de nuestro sistema econmico quitndonos un poco la tan llevada y trada justificacin de pas bloqueado, actuar a tenor con las leyes de la Economa y las Finanzas, que operan de modo independiente a las voluntades polticas, y por supuesto, sin renunciar a uno solo de logros que nos han convertido en pas independiente y en uno de los sistemas ms humanos del mundo.

Se trata de generar bienes, de que el peso adquiera un respaldo productivo. La solucin no radica en incrementar los salarios. Los aumentos salariales pueden producir un aumento de la propensin al consumo, y no al ahorro, en una economa como la nuestra. Otro de los efectos negativos de los aumentos de salarios son las mayores presiones inflacionistas, ya que tienden a trasladar a los precios estos aumentos en los costes de produccin, peligro que se puede evitar si los sueldos no aumentan sobre los niveles de productividad.

No todos podemos comprar un aire acondicionado, mucho menos un auto y por ahora constituye una quimera viajar a Alaska. Tampoco nos libraremos de un tirn de los apagones ni vendrn aumentos salariales  al por mayor.  Del escritor y jurista galo, sus ideas trasnochadas  y su furor por los principios de los fisicratas y los librecambistas, prefiero no hablar. De la modorra y la holgazanera hablaré en otro comentario.

Y del ccochero? Pues como dira en buen francés Charles-Louis de Montesquieu Tres bin, tres bin!

 

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Por Mercedes Rodrguez Garca
 
La Agencia EFE difundi a la velocidad de Internet que travestis de toda Cuba celebraron con un espectculo, singular por lo maratnico, lleno de luces, lentejuelas y divas, los 25 aos de El Mejunje, centro cultural de Santa Clara, desde hace aos meca del transformismo y una de las ciudades ms cosmopolitas de la Isla.
 
Ubicado en una edificacin ruinosa y con el cielo como techo, centenares de personas de todo el pas acudieron este fin de semana a la extraordinaria cita.

La existencia de El Mejunje, en una ciudad del interior, resulta para muchos un hecho mgico. Ha sido un lugar para realizarse personalmente, un acto de fe y un acto de entender a la gente. Pero nunca se ha propuesto ni se propondr ser un lugar gay, explic a la EFE su creador y director, Ramn Silverio.

Muchos consideran a Silverio el alma de El Mejunje, incluso lo juzgan insustituible: Nada de eso, no soy eterno, y la muerte no me preocupa, aunque tampoco me interesa .Cuando me muera no sé cmo continuara, a lo mejor quienes sigan al frente harn una obra mejor, refiri da antes al reportero del semanario provincial Vanguardia.

Ms adelante, explic: Yo jugué mi momento histrico. Y mientras me queden fuerzas, y tengo muchas todava, voy a continuar con el mismo entusiasmo.

Ramn Silverio Gmez, artfice indiscutible e inconfundible del proyecto cultural ms conocido de la Isla y en el extranjero, declar que al fundarlo (1984) pens en una alternativa en una ciudad muy aburrida, necesitada por dems de un espacio abierto a todos los artistas y jvenes, sin marginaciones de ningn tipo, en el que pudieran departir y disfrutar plenamente del arte.

Me considero una persona muy respetada. (...) Nadie me ha llamado nunca para impedirme hacer algo. Si se han sentido inconformes, me lo han planteado de la manera ms suave posible.  (...) He hecho las cosas por placer. Me atrae estar en el filo de la navaja (...) Existen muchas instituciones aburridas, porque casi todas hacen lo mismo. Aqu, para bien, marcamos la diferencia.

Sobre una referencia que hiciera Abel Prieto, Ministro de Cultura, durante en el pasado Congreso de la UNEAC,  Silverio acot: Cierto, expres que deban existir muchos Mejunjes. Es un reconocimiento merecido, tampoco uno puede ser extremadamente modesto. El Mejunje se lo ha ganado por lo hecho durante todo este tiempo, lo cual ayud a cambiar la forma de pensar de alguien 'de arriba', para fijarse en nosotros.

En su opinin no es tan sencilla la creacin de espacios similares, pues resulta un hecho nico con caractersticas propias. He visto surgir muchos proyectos basados en el nuestro, y todos han quedado en el camino. 

La cultura cubana necesita de sitios diferentes, romper esquemas. Querer reproducirlos constituye un error.
 
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¡Cómo!!, qué bien le va a Santa Clara...
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No sé quien es el autor (a) de esta descripcin, que imagino salida de la mente y pluma de algn extranjero que nos quiere bien. Puede que la misma vaya contra la lgica de la idiosincrasia y el trato extrovertido de mis compatriotas. Pero me gust tanto la pintura publicada en el blog Imaginados, que decid reproducirla en mi Tecla con Café. La ilustracin, un original y sexual mapa de nuestra Isla, lo agradezco a mi amigo José ngel, quien con frecuencia, desde Madrid, me hace llegar por email tales curiosidades grficas. Les dejo entonces a mis cafeinmanos lectores, la croniquilla en cuestin. Disfrtenla.

 

Cuando Dios hizo al mundo, qued tan asombrado por la bonitura de su obra, que dej caer entre los dedos cascajos involuntarios que fueron la ms bella chambonada de la creacin: el archipiélago cubano. 

Conmovido por la feliz casualidad, no puso en él ni fieras ni escorpiones, ni vboras ni volcanes, ni cosa alguna que lastimara a los soadores de la intemperie. Fue as que con el tiempo y los sucesos naci lo criollo en el aluvin de las razas, golpe de amor y faena, en la obsesiva aoranza de ser pas, nacin, desmesura de lo suyo. De Espaa heredaron la adarga y la terca altanera quijotesca; de frica el pié fcil para el baile, el odo musical, la sonrisa a ultranza; de China la tenaz resignacin, el misterio; de Francia la discreta elegancia del amor en pareja, los adornos de la vida. 

Todo el aire que respiran viene del mar, la arena de sus playas es como polvo de oro, en su tierra la semilla germina sin ayudas, no tienen inviernos ni veranos, sino todo lo contrario, con una media de 25oC, imprevistos y efmeros aguaceros y una corta temporada en que las masas fras anulan algunas horas el paisaje. 

Al cubano le gusta el buen vivir sin debérselo a nadie y para conseguirlo ejercita todas sus artes y maas, apela a la suerte, a lo divino, o lo resuelve con picarda tropical. Aunque todava usan bueyes para roturar la tierra, ya se ven desde el cosmos y comprueban que los cartgrafos no se equivocaron al dibujarlos con silueta de caimn. Apuestan siempre a tener lo mejor, ya sea la mujer o la tumbadora, los zapatos o el silln del portal. 

Les gusta la mesa bien servida, el men diverso, suma sabrosa del congr, el pollo frito y los tachinos, el tasajo con boniato, el picadillo con papas fritas, el cerdo asado y la yuca con mojo, los frijoles negros, el huevo frito, el chilindrn, el fricasé o el ajiaco resucitador. Son también apegados al dulce, los cascos de guayaba, el ajonjol y la garapia, el boniatillo y la raspadura, los merengues, el flan, natilla y caramelos, pero lo mejor de su dulce azcar pasa por los alambiques y termina en los toneles donde se aeja un ron superior. 

Y al final, la imprescindible tacita de café, sabroso, aromtico, y el habano de perfume sonsacador, quizs lo nico que les sigue identificando con los primeros cubanos. Pero también saben sentarse a la mesa escasa, si no hay pan comen casabe, todos los das repiten el milagro de los panes y los peces, son inventores audaces de la sobrevivencia. 

El cubano lo sabe todo, lee los peridicos entre lneas y solo necesita un par de cervezas para arreglar el mundo. Eso s, es de memoria flaca, no devuelve libros prestados y slo se acuerda de Santa Brbara cuando truena. La necesidad ha sido su maestra, el orgullo su consejero, pero atienden ms a las razones del corazn que a las evidencias de la oportunidad y la conveniencia. Son gente de paz, no les ciega la victoria, pero no saben perder. 

Enfrentaron la dominacin colonial con coraje, pelearon en condiciones inferiores contra tropas ms numerosas que la suma de las emplazadas contra OHiggins, San Martn, Bolvar y Washington. 

Entre ocho mil especies de su rica flora, adoran a la Ceiba, respetan la palma real, rbol nacional, su flor es la mariposa y el ave nacional es el tocororo. 

Su deporte es la pelota, su juego el domin, con piezas que suenen fuerte sobre la mesa. Necesitan muy poco espacio para ser felices, saben multiplicar los domingos, son fiesteros, desinhibidos, noveleros, rehsan el tratamiento de usted, entran en las casas hasta la cocina, se burlan de su propia desgracia, hasta en los funerales se cuentan chistes. 

Son el mejor amigo del perro, cohabitan también con gatos, cotorras y gallos finos. Les gustan las azoteas, los balcones, el rumor de las guitarras y los ros, el resplandor bullicioso del carnaval, la playa, el malecn, la guayabera, la cerveza helada. Son dicharacheros, escandalosos, desmesurados. Hijos del clido clima en los lmites trridos, se les tilda de violentos, improvisadores, tropicalmente despaciosos, amigos del choteo y del relajo, expansivos, inconstantes, derrochadores, presumidos. 

Desprecian a los delatores, envidiosos, a los cazadores de oportunidades ajenas, detestan la ambicin, la mentira y la avaricia, la doble cara y el lamento. Saben apreciar lo grandioso de la menudencia, la brevedad de la vida, el sentido obligado de la reciprocidad, aunque, como dijera un patriota, a veces no llegan y otras se pasan. 

Creen en el azar, el martes trece y los horscopos, en la cartomancia, el biorritmo y el mal de ojos. Tienen varios dioses y cielos, su Olimpo est disperso de Nairobi hasta Roma.

Cuba es hacendosa y constante, candorosamente hospitalaria, espontnea, solitaria, material noble para cualquier noble empeo. Es también una palabra bonita como guarachamulata, guateque, siboney. Son buenos en los oficios y artes, y también en el amor, que hacen con vehemencia y concediéndole tiempo al encanto. 

No les asustan los huracanes ni los augurios, si se miran a un espejo, ven la buena voluntad con biografa complicada. Son, en fin, lo que son: cubanos.

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Por Mercedes Rodríguez García






El primer Martí me llegó de niña, ¡muy niña!, junto con una caja de 24 colores: «Para Mercy, duran toda una vida, cuídalos». Así decía la tarjeta que —con exquisita grafía— colocó dentro de un sobre adjunto mi tía Olga, por entonces maestra rural en Sagua la Chica. Leí machaconamente, como leen los niños cuando están aprendiendo.

Una segunda recomendación —tan dulce como autoritaria— me llegaría de inmediato en su propia voz: «Aquí tienes una hoja de papel, dibújame al Apóstol de la independencia de Cuba». «Pero ¿ahora mismo?, tía», le pregunté con el tono más fastidioso que recuerdo. «Sí, ahora mismo, ven, vamos a sentarnos a la mesa».

Sentí deseos de devolverle aquel precioso estuche que me hubiera gustado estrenar tirada en el piso, coloreando cuando tuviera deseos, pintando lo que me viniera en ganas. Pero fui. Y salió él, desproporcionado y bigotudo, en medio de un jardín con flores.

Mi segundo Martí vino en un libro: La Edad de Oro, regalo también de otra tía, Mary, dependienta en tienda de ropa, el día de mi quinto cumpleaños, y con una sola condición: «Es para ti, para tu prima y tu hermano». De modo que el ejemplar permaneció siempre al alcance de ellos, y además, de los amiguitos del barrio que por las tardes venían a jugar a la escuelita, en la cual invariablemente yo hacía de maestra.

Mi tercer Martí fue rojo y dorado, impreso en un diploma. Me lo gané cursando el sexto grado, cuando en el primer semestre de clases salí vanguardia del grupo de la señorita Georgina Irastorza. El cuarto, lo compré en una quincalla, un cuadrito de pequeño formato, por solo 50 centavos. Los había de Maceo, Céspedes, Agramonte, Gómez, La Caridad, San Lázaro, Santa Bárbara, Mike Mouse, Pato Donald, Lazie, Rin Tin Tin, mas, el dinero solo alcanzaba para uno.

Pero el que más recuerdo me lo dejó Martica Ubals, mi compañera de secundaria, cuando se fue de Cuba y nos despedimos en la plaza del mercado, que en menos de un año sería Coppelia. Lo colgué en mi cuarto y allí estuvo hasta que una foto de Camilo ocupó su lugar debajo del cristal. (Mi madre decía que ya había muchos Martí en la casa, y mi padre, que hacían falta más Martí en la calle).

El sexto, lo compré en la recién estrenada librería Pepe Medina. Ya estudiaba en el preuniversitario Osvaldo Herrera, y muy pocos entendían mis desafueros por The Beatles, que para la «gran cátedra» no era más que una banda diversionista, y nada tenía que ver con el idioma que el profesor Mauro de la Torre me repasaba en «secreto» con ejemplos extraídos de Míster Postman, Yellow River , Sgt. Pepper's o Lady Madonna.

Ese, mi Martí más lindo, el de Jorge Arche, paisaje rural de fondo, vestía de guayabera, y como El Sagrado Corazón de Jesús en eso de llevar la mano al pecho, resultaba a mi ojo —afinado por la pintora Aida Ida Morales en sus clases de Artes Visuales— un Martí icónico, sublimado: el de «con los pobres de la tierra», el de «con todos y para el bien de todos», el que años después, en la Universidad me revelara como un Martí seminal, el doctor Ordenel Heredia.

Otro Martí, de busto en bronce, estaba en casa antes de yo nacer en posesión de mi abuelo, calzando adeudos sobre el aparador. Un día desapareció y apareció luego en una caja, entre sus cosas de muerto. Pasó a mi padre que lo cedió por derecho justo a su hermana, la maestra, que lo llevó a su escuela en la montaña.

Martí volvió. Lo trajo chamuscado. Fue lo único que no se quemó cuando los alzados prendieron fuego al cañaveral del fondo. Lo limpié con agua, detergente y franela. Apenas le quedó la pátina del tiempo. Martí fue mío. Desde el librero vio crecer mis niños, disfrutó mis fiestas, mis lutos, mis desvelos nocturnos apremiada por el cierre.

Ese ha sido mi Martí más íntimo y valiente. Fundacional, vigila ahora la casa de mi hijo, los pasos de mi nieta. Y tengo más Martí: Martí moneda conmemorativa por el Centenario de su natalicio, y otros Martí valores numismáticos, y muchos Martí libros, obras completas, grabados, recortes, Bohemias incunables. Y algunos que me enervan y me salvan de odios y egoísmos. Martí romántico, didáctico, político, poético. Martí sol, Martí rosa, Martí abeja, Martí ojo del canario…

¡Ah!, cuánto tiempo ha pasado. Martí dibujado, aprendido, querellado, heredado, compartido, interpretado, desde que era niña, ¡muy niña! Martí necesario, imprescindible, entrañable, enraizado, avizor, eterno. Es mi Martí. El que me va por dentro y quisiera compartir contigo.
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 Mercedes Rodrguez Garca

 

Siete cursos compartiendo dentro y fuera del aula con estudiantes universitarios me facultan para emitir consideraciones y consejos acerca de los jvenes, a quienes muchas veces se les califica de contestatarios, descredos, irreverentes, rebeldes, autosuficientes, y otras cualidades que, francamente, no comparto de manera general y absoluta, vengan de donde vengan, incluso, de pedagogos, socilogos, psiclogos o filsofos de bien ganada reputacin en el mbito académico.

En otros espacios y en dismiles ocasiones y circunstancias, personas de las ms variadas profesiones y oficios refieren, adems, que son difciles de entender, egostas, consumistas, independientes, tolerantes y con poco sentido del deber y del sacrificio, y, por tanto confiesan observarlos con preocupacin.

Los hijos de hoy se parecen ms a su tiempo que a sus padres, dijo Francisco Vzquez Vzquez, un poltico socialista y catlico practicante espaol a quien le han robado la paternidad de tan recurrido pensamiento a la hora de definir en escasas palabras a ese grupo etario, al cual todos pertenecimos una vez, pero que algunos no recuerdan o no quieren recordar.

En general, al hablar de los jvenes hay quienes lo hacen como si se tratara de una especie de dobles, desde los recuerdos juveniles, desde cierto pasado reciente, desde las nostalgias y melancolas o desde el deseo de lo que pudieron ser y no fueron. En tal sentido me ofrezco categrica: la vida real de los muchachos y muchachas de hoy yace en otro lugar diferente del que buscamos. Su vida les pertenece a ellos, idea que resulta difcil de interpretar dados los esquemas habituales.

Lo cierto es que para muchos adultos el dilogo con la juventud se ha tornado complicado, sobre todo para quienes admiten con temor, horror o complejo que nacieron en el siglo pasado, y se incluyen de hecho en un género de iguanodontes ortodoxos que sobreviven a las circunstancias, gracias a la desmemoria afectiva crecida con la prisa de lo cotidiano.

Si de sexo se trata, por ejemplo, suele catalogrseles de insaciables y tolerantes al lmite de lo increble, actitud en el fondo recriminativa que apunta a lo que antes nos pareca moralmente inaceptable y ahora resulta tristemente inalcanzable. Como dicen los libros de sexologa: cuantos ms aos a cuestas, ms te cuesta y menos te acuestas.

Otro punto de vista esgrimido con frecuencia se refiere a cierta desorientacin y desenfreno juveniles, cuestin que compete enfrentar a los adultos, pues son ellos quienes han convertido a los jvenes en sus modelos de   identificacin y de conducta. Y aunque no lo admitan han ido rompiendo o trastrocando el papel que de forma tradicional se ha asignado a las diferentes edades. Cuesta reconocerlo: son los mayores los que, a diferencia de las generaciones precedentes, imitan y co- rren tras los chicos y chicas, y no al revés, como normalmente  siempre ha acontecido y parece que debera seguir aconteciendo.

CONSIDERACIONES

Pantalones cados, piercings, tatuajes, camisetas ajustadas, mochilas, jeans, teléfonos mviles, reproductores MP3. Pelo largo, corto, con cresta, esculpido, teido, crneo rasurado  Se trata de una estética bastante comn entre el mocero del presente, muy marcada a nivel internacional por la publicidad y el consumismo, amén de esa necesidad de ser diferentes, atrevidos, que los caracteriza y desborda. Obviamente, la juventud es un colectivo muy diverso y plural. En realidad no existe una juventud, existen constelaciones de jvenes. 

Hablo con mi hijo, pero no me hace caso, se queja una mam, al tiempo que lamenta no saber manejar ni entender a esta nueva generacin. Discusiones, gritos, cansancio, desconfianza, preocupacin, se han convertido en algo cotidiano para muchos padres y madres que no encuentran equilibrio entre la disciplina y la permisibilidad, entre el tira y el afloja.

Carezco de datos cientficos para defender o refutar, de momento, alguna tesis. Es ms, no trato ni me interesa la formulacin de una hiptesis acerca de por qué son as o asao. Pero les aseguro que a nuestros jvenes, con todos los defectos, problemas e insuficiencias, no podemos encasillarlos ni juzgarlos como una generacin en crisis, con falta de valores o algo por el estilo.

Ellos propugnan el desarrollo, las oportunidades, un elevado estado de bienestar, de libertad, de cierta independencia en el hacer y el vestir, a pesar de ser dependientes de sus padres. Mal se les juzga cuando pensamos que carecen de preocupaciones personales. Las tienen. Y las ms coinciden con problemas genéricos de la sociedad, econmicos y familiares. En general miran al futuro con optimismo; aunque, a veces, les cuesta entrever la luz.

Salir con amigos, escuchar msica, ver videos e ir a fiestas caseras, constituyen actividades vitales en la vida de nuestros muchachos y muchachas. El joven estima y busca ansiosamente la amistad, es la edad en que se inicia en ellos la apertura consciente a los dems, la ansiosa bsqueda de la identidad personal. Incluso, ya cumplidos los veintitantos aparece el amigo como ese interlocutor dispuesto a escucharle y ayudarle.

Sus valores fundamentales lo constituyen la libertad, el amor-placer como meta primera de esta; la autenticidad, la experiencia personal; la omnipotencia (poderlo todo aunque todava no se pueda todo); la justicia unida a la paz, como un deseo y un gran sentimiento; la unidad universal; el futuro como mentalidad de cambio, no repetir los errores del pasado, buscar un mundo nuevo a la medida del hombre libre, y otras cualidades ms a tener en cuenta para no perder la comunicacin entre adultos y jvenes.

Injustamente pienso se les mide a todos con la misma vara, y salen a relucir semejantes comentarios: con tantas escuelas que hay en este pas y no tienen la ms mnima educacin, no respetan a nadie, ni siquiera a los viejos, si uno no hace lo que ellos quieren, entonces se ponen bravos y te amenazan con irse de la casa, les hablas y es por gusto, al final hacen lo que les da la gana.

Pero tranquilos, que de semejantes e inadecuados comportamientos se quejaba hasta el propio Scrates (470-399 a C.), considerado el fundador de la filosofa moral o axiologa.

Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos, escribi el gran griego.

A quién reprocharle entonces, a la familia, a la sociedad, a la escuela? Repetir una y otra vez el ya comn: esta juventud est perdida, y molestar, irritar y sacar de quicio al ms sosegado de los jvenes? Me parece injusto y desleal. Acaso no estarn también extraviados los progenitores lastrados por la amargura, la desidia, la falta de voluntad; los funcionarios y dirigentes que imponen viejos dogmas y cuestionan a muchachos y muchachas desconciertos y rebeldas sin pensar que millones de ellos ya han apostado al futuro y se empean en mejorarlo?

Cmo estn educando nuestros maestros y profesores a una generacin en cuyas manos descansan los destinos de la Patria?

No hay educacin ni equilibrio humano si no se ensea a distinguir el bien y el mal. De esa distincin se encarga la razn, que no slo emite juicios técnicos o estéticos, sino también éticos. Para cualquier edad, la razn moral la conciencia es una brjula para el bien y un freno para el mal, y sus juicios pueden ser absolutos. Pero no basta, también deben funcionar la ley y el orden. Yo dira que urge retomar las riendas para enderezar el carro, restablecer los lmites, delimitar fronteras sin levantar muros, recuperar la autoridad sin autoritarismos.

ALGUNOS CONSEJOS NO TAN SABIDOS

Permita que los jvenes compartan abiertamente con usted lo que piensan y sienten. Aunque suelen expresarse con brusquedad y a veces fuera de lugar, manténgase listo para escuchar en todo momento y en cualquier sitio sus opiniones; controle el gran impulso por saber todo lo que estn pensando o planeando hacer en determinado momento, muéstreles confianza para que confen en usted.

Hable clara y concretamente respecto a problemas importantes pero no caiga en el vicio de la repeticin, porque perder su tiempo, ya que el énfasis excesivo anula sistemticamente el objetivo principal. No escatime nunca el elogio y alimente la autoestima, por cada pequeo privilegio otorgado exjales responsabilidades. Instryales para que puedan tomar decisiones propias, muéstreles la gran importancia de aceptar las consecuencias de sus actos.

Enséeles a tratar con informacin, a pensar crticamente sobre lo que ellos ven u oyen, hgales merecer lo que ellos quieren, y adviértales la gran diferencia entre los deseos y las necesidades. Vaya persuadiéndolos de manera paulatina acerca de una gran verdad: la satisfaccin instantnea no es la que ensea habilidades para la vida.

No se trata de someterse a la tirana de los jvenes ni de permitir que lo manipulen a su antojo, sino de buscar pistas para comprender a las nuevas generaciones, hacer nuestros sus retos y comenzar juntos un camino.

Sin la juventud, no podra triunfar la causa revolucionaria ni en las fbricas ni en las zonas rurales, ni en el ejército ni en los centros docentes. Con los jvenes hay que dialogar, escucharlos, por muy disparatadas que nos parezcan sus preguntas, sus presupuestos polticos e ideolgicos.

La gran responsabilidad de la sociedad para con los jvenes radica en hacer efectivos, palpables y crebles los modelos que preconiza e identifica como positivos, en lograr una identidad que enriquezca a unos y otros, sin cavar trincheras generacionales ni suplantar lo que tradicionalmente corresponde a la familia.

Es lamentable, estimado Scrates, que pasados tantos siglos prevalezca entre los adultos su percepcin sobre los jvenes, y que el tema constituya an una asignatura pendiente para el mundo entero.

 

 

 

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Por Mercedes Rodríguez García

Septiembre de 1868. El telégrafo trae desde el otro la del  Atlántico noticias que desesperan a Lersundi, en la segunda etapa de su mandato como Capitán General  de la Isla. Cólera, aflicción y enfermedad, degeneran en arrebatos de furia lo que, sumado a su inhabilidad como gobernador,  favorecen la extensión de la lucha, iniciada con el alzamiento de Céspedes, el 10 de Octubre.

Martí cumplirá pronto 16 años y ya piensa en sumarse a la guerra. Secretamente, en los pasillos del Instituto, reparte un periódico manuscrito con un apasionado soneto salido de su pluma. Don Mariano y Doña Leonor, andan asombrados pues, con frecuencia, escuchan en boca de su hijo las palabras libertad e igualdad.

Sin llegar a comprender la verdadera situación de Cuba, Lersundi regresa a España y lo releva el General Dulce, quien arriba a La Habana el 4 de enero de 1869. Su salud flaquea, lo cual no  impide sus propósitos conciliadores.

 «Unión, fraternidad, olvido por lo pasado y esperanza en el porvenir», proclama en su mensaje por el Día de Reyes. El día 9 firmaría un importantísimo decreto proclamando libertad de pensamiento escrito, sin juicios ni censuras. Dulce «abría la puerta a vientos furiosos», como dijera un historiador de entones.

Más de 60 periódicos comenzaron a publicarse. Martí solicita permiso para imprimir, según sus propias palabras, un« semanario democrático cosmopolita.»

Apenas 10 días después aparece su primer trabajo político en el único número de El Diablo Cojuelo, periódico que edita Fermín Valdés Domínguez en la imprenta librería El Iris, radicada en Obispo No. 20 y 22.

«Esta dichosa libertad de imprenta —dice Martí— que por lo esperada y negada y ahora concedida, llueve sobre mojado, permite que Ud. hable por los codos de cuanto se le antoje, menos de lo que pica; pero también permite que vaya Ud. al juzgado o a la fiscalía, y de la fiscalía o el juzgado lo zambullan a usted en el morro, por lo que dijo o quiso decir. Y a Dios gracias, que en estos tiempos dulces hay distancia y no poca de su casa al Morro.»

Ya la revolución de Yara ha prendido en el Camagüey. Bien claro lo ha gritado Ignacio Agramonte: ¡Independencia o Muerte!

Para disfrazar un poco lo que ha escrito y no revelar del todo a quienes ataca en el artículo O Yara o Madrid,  Martí —sin que deje de comprenderse contra quienes las emprende — cambia las vocales a algunos apellidos.

El 21 de enero, durante la representación de Perro huevero en el teatro Villanueva, se han dado vivas a Cuba y muera España. Los ánimos juveniles circulan exaltados y toda La Habana  yace vigilada por regulares y voluntarios. La madre anda muy preocupada porque Pepe llega tarde en la noche, y ya éste le ha confesado al padre la idea de editar otro periódico, que también saldrá del taller tipográfico de la calle Obispo, el 23 de enero.

Con entusiasmo ambos amigos revisan una y otra vez las pruebas de galeras con sus propios artículos. La alegría les invade el alma…

—Nos haremos un retrato, incita Martí a Fermín.

—¡Pues a vestirnos para la ocasión!, responde  el entrañable amigo.

Para la historia queda la postal: casaca oscura; pantalón claro, casi cubriendo los zapatos negros, el cuello de pajarita, el cabello peinado hacia atrás y la mocedad sin cólera en los ojos soñadores y nítidos.

Es en uno de esos viajes al la imprenta que el impresor le ha objetado al joven Pepe su poema Abdala:

—¿No creen ustedes demasiado temerarios esos versos? Sin las últimas estrofas de este poema nada habría que temer…

Y las lee:

La vida de los nobles, madre mía, / Es luchar y morir por acatarla /    Y si es preciso, con su propio acero / Rasgarse por salvarla las entrañas! / Mas, me siento morir: en mi agonía / (A todos) no vengáis a turbar mi triste calma, / Silencio... Quiero oír... Oh me parece / Que la enemiga hueste derrotada, / Huye por la llanura... oíd!... silencio!  / Ya los miro correr... A los cobardes / Los valientes guerreros se abalanzan... / Nubia venció! muero feliz: la muerte /    Poco me importa, pues logré salvarla... / Oh qué dulce es morir, cuando se muere / Luchando audaz por defender la patria!

Fermín, algo molesto, replica:

—Yo entiendo que esto debe dejarse tal como está. Es el primer trabajo político de mi amigo, en un periódico fundado y dirigido por él.

¿Qué Nubia en el poema es Cuba? ¿Qué Abdala, tal vez el propio Martí? quien refleja en él la contradicción entre su deber de lealtad para con los padres españoles y su obligación para con la patria cubana? Quién lo lea, aún a la distancia de 140 años, entenderá por qué un pueblo toma las armas  para defenderlo de quienes lo atacan y oprimen.

No obstante el mal rato que les ha hecho pasar el suspicaz impresor, los corazones de Martí y Fermín repican de alegría. Abrazados abandonan El Iris, y atraviesan la calle Obispo haciendo caso omiso  a quitrinis, volantas y muchachas, rumbo a la retreta de la Plaza de Armas.

Ya tienen periódico, y se llama Patria Libre.

 

 

 

 

 

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Fachada de la Iglesia La Catedral, en Santa Clara, capital de la provincia de Villa Clara
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Por Mercedes Rodrguez Garca
Transcurre el 16 de agosto de 1925. Los asamblestas, vestidos para la ocasin, han estado entrando intermitentemente en la casa marcada con el nmero 81 de la calle Calzada, en El Vedado habanero. Traspasado el umbral segn las formalidades de la época bajan ligeramente las cabezas, se quitan el sombrero y dan un apretn de manos al venerable Carlos Balio, quien recibe las credenciales.
Hace calor adentro y afuera y algunos humean sus tabacos y cigarrillos. El aire se torna denso. Hay cierta expectacin. Mientras esperan, unos ...
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Por Mercedes Rodrguez Garca.
Lo escuché hace unos das en un carretn, espacio pblico que aprovecho de vez en vez para tentar los estados de opinin sobre determinados temas, lanzando como alguien me dijo, la manzana de la discordia pues para nadie constituye un secreto lo dado que somos los cubanos al comentario. Mas juro que en esta oportunidad no fui yo quien desencaden la lengua a los viajantes.
La sin hueso colectiva la desat la cancula por mediacin de una seora gruesa, entrada en aos y atestada de traslcidas javitas. (De esas que pocas veces ...
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Mercedes Rodrguez Garca
Siete cursos compartiendo dentro y fuera del aula con estudiantes universitarios me facultan para emitir consideraciones y consejos acerca de los jvenes, a quienes muchas veces se les califica de contestatarios, descredos, irreverentes, rebeldes, autosuficientes, y otras cualidades que, francamente, no comparto de manera general y absoluta, vengan de donde vengan, incluso, de pedagogos, socilogos, psiclogos o filsofos de bien ganada reputacin en el mbito académico.
En otros espacios y en dismiles ocasiones y circunstancias, personas ...